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No dirán que no lo intenté

Finalmente después de recibir numerosas llamadas para trabajar como comercial a puerta fría decidí entrar en el juego y probar suerte; quizá después de todo a lo mejor me estaba equivocando y mis prejuicios no me dejaban probar una oportunidad única.

Pero empezaré por el principio. Al poco de quedarme sin empleo y buscar y rebuscar entre ofertas decidí dedicar parte de mi tiempo a un proyecto de venta directa, en plan reuniones, de esas que hacían nuestras madres para conocer nuevas marcas de cremas y fiambreras. Me lié la manta a la cabeza, invertí unos trescientos euros en un pequeño inventario, y me lancé a vender por mi cuenta. Tengo que decir que amorticé la inversión en poco tiempo y que raro es el mes que no saco un dinerillo con mi maleta, pero si sigo buscando trabajo es porque, a día de hoy, aún no me da un sueldo como para poder vivir exclusivamente de ello sin buscar otra fuente de ingresos.

Pues bien, en una de estas reuniones una de las asistentes se fijó en mí; me contó que trabajaba en una empresa de venta a puerta fría. En concreto me comentó que comercializaban contratos de Iberdrola, como comenté en el post anterior en Andalucía la empresa distribuidora es Endesa (comunmente llamada “Sevillana”), y desde que se abrió el mercado hay una lucha en la calle entre los comerciales de Iberdrola, Eón y la propia Endesa para conseguir que cambies el contrato con ellos. Pues bien, la chica, muy maja por cierto, era la administrativa de la oficina y me dijo que su empresa era “Increíble”, que no había visto en tiempos de crisis gente que ganara más dinero, por desgracia ella no se beneficiaba de ello, ya que al ser administrativa contaba con un sueldo fijo y no optaba a cobrar comisiones.  En fin, tanto me insistió en que podía conseguirme una entrevista que finalmente acepté.

La entrevista fue normalita. El señor que me recibió en su despacho, imagino que por el mismo motivo que las teleoperadoras, me soltó un discurso sobre la liberalización del mercado energético, del que entendí bien poco, además lo hizo cual presentador de telediario leyendo su teleprompter,  a una velocidad que haría palidecer de envidia a la mismísima Lisa Simpson. Después de la entrevista, de la que pude retener poca información dada la sobredosis recibida, me quedé con varias ideas claras: decían que Iberdrola es la eléctrica más barata y se trataba de un trabajo de falso autónomo. Lo intenté pero puedo jurar cual Escarlata O’Hara poniendo a Dios por testigo, que por más que lo intenté, al salir de esa oficina no fui capaz de recordar ningún dato más de todos los que me había dado ese hombre; estaba tan obnubilada pensando en lo rápido que hablaba y lo bien que se sabía de memoria todos esos datos, que el bosque no me dejó ver los árboles. Recuerdo que salí de allí y le dije a mi chico: “No me he enterado de nada de lo que me ha contado este hombre, sólo sé que es para vender Iberdrola a puerta fría y que llamarán esta tarde a los seleccionados para que vengan un día de prueba”

Antes de terminar mi trayecto de veintidós minutos en tren hasta casa ya me habían llamado. ¡Oh qué sorpresa! primer punto de mis prejuicios confirmado: “si vas a una entrevista para comercial a puerta fría te llaman siempre, pero siempre siempre”. En fin, me volvieron a citar para dos días después, ese día me darían la formación y me enseñarían de qué iba el trabajo. El día señalado me levanté a las siete de la mañana, cogí el tren y llegué a la oficina unos diez minutos antes de que abrieran. La verdad es que la oficina la tienen en un sitio increíble de la capital, un piso grande en el centro bien decorado, con techos altos y vigas de madera, nada que ver con todo lo que había leído por Internet sobre oficinas a medio decorar en sitios cutres y sin letrero. Aquí había carteles con el nombre de la empresa por todas partes, estaba decorado en colores corporativos y  daba la sensación de llevar mucho tiempo funcionando. Todo el personal iba impecable, ellos de traje y corbata y ellas con taconazos y listas para asistir a un cóctel; yo creo recordar que llevé mis vaqueros más nuevos y una camisa además de, previsoramente, calzado cómodo.

A los nuevos, que éramos tres, nos hicieron pasar a una sala aparte del resto, en la que nos sentaron y nos pusieron un vídeo con los últimos logros de la empresa. Tras el vídeo entró una chica y nos explicó, de nuevo, que nuestro trabajo consistiría en ofrecer contratos de Iberdrola a los clientes de Endesa y Eón, que teníamos que acabar con todas las tarifas de último recurso que nos encontráramos, porque éramos la pera e íbamos a quedarnos con todo el mercado en la provincia. Yo iba dispuesta a aguantar el día, pasara lo que pasara estaría ahí el día entero, más que nada para ver de una vez por todas si el trabajo de comercial a puerta fría es tan malo como dicen por ahí; se ve que una chica en la misma situación que yo pensaba distinto y preguntó: “Yo quiero saber si tengo que darme de alta como autónomo para trabajar con vosotros y si voy a tener sueldo fijo”, dejo a vuestra imaginación las respuestas que recibió, sólo diré que se levantó y se fue, muy educadamente, eso sí. Bueno, ya sólo quedábamos dos, a cada uno nos asignaron un coordinador y nos dijeron que pasaríamos el día con ellos. Y ahora viene la sorpresa número dos: me fui con el coordinador, JL lo llamaremos, nos subimos tres personas en su coche y me dijo que íbamos a una localidad a más de cincuenta kilómetros de distancia, total casi una hora de viaje saliendo a las nueve y media de la mañana… me esperaba un día largo, sin duda. El viaje pasó sin pena ni gloria a no ser porque todos mis compañeros hacían referencia a su futura oficina, les pregunté al respecto y se ve que dentro de la empresa si conseguías un número determinado de ventas te abrían una oficina, no me terminó de quedar muy claro el tema, porque tal y como lo entendí les dan derecho a abrirla pero tienen que seguir siendo autónomos, sólo que en lugar de salir a vender se dedicarían a formar nuevos comerciales y cobrar una comisión sobre estas ventas; me pareció más un modelo de franquiciado que otra cosa, pero ellos no tenían el mismo concepto.

Llegamos a nuestro destino sobre las diez y cuarto de la mañana y nos dirigimos a una cafetería; me explicaron que esa cafetería sería el punto de encuentro, donde tendríamos que volver para comer y luego más tarde para reunirnos todos y marcharnos a casa. Yo había desayunado en casa, pero se ve que el resto de mis compañeros no, así que dedicamos unos cuarenta minutos en desayunar, tras eso sacaron un plano y repartieron las calles de la localidad. Yo me fui con JL, caminamos durante unos diez minutos y ahora sí, por fin a las once y media de la mañana estábamos listos para trabajar. De momento parecía fácil, se trataba de entrar en tiendas y locales comerciales argumentando que íbamos de la compañía eléctrica, (sin indicar de qué compañía of course), y estábamos revisando las facturas de la localidad para ver si les correspondía algún tipo de descuento. Estuvimos haciendo eso hasta la una y media de la tarde más o menos, sin mucho éxito, la verdad ya que aunque JL le ponía ganas de verdad y yo mostraba interés ayudándole, no conseguimos ningún contrato. Cuando le pregunté cuánto cobraba por cada contrato sólo conseguía evasivas, no daba ningún dato concreto, la única información que conseguí fue que la comisión dependía de la potencia contratada por el cliente, y que los contratos combinados de electricidad y gas se pagaban más caros. Cuando empezaron a cerrar los locales comerciales nos fuimos a hacer puerta fría, la verdad es que hasta ese momento no me había parecido mal del todo “la tarea a desempeñar”, porque lo que es el trato, y por tanto el conjunto del trabajo me parecía una auténtica porquería. Pero ya cuando nos pusimos a “picar puertas” fue el colmo.

Cuando pasas muchas horas con una persona y tienes un carácter abierto, como el mío, la gente suele contarte cosas, que una no siempre quiere escuchar. En una de las tantas puertas que tocamos nos abrió una señorita que estaba de buen ver,  tras intentar venderle Iberdrola sin éxito, y cuando la puerta se hubo cerrado JL dijo “Dios que buena estaba la perra!” a lo que yo sonreí, y siguó con un “aquí por un contrato se hace lo que haya que hacer, si el que te abre la puerta está cañón y tú sospechas que chupándosela te firma un contrato, pues se la chupas”

Todos tenemos un precio, soy consciente de ello, todos nosotros ante un cheque con suficientes ceros seríamos capaces de vendernos, pero ¿venderte por la comisión de un contrato de Iberdrola? ¿estamos locos o qué? Si van a hacerme una proposición indecente, que al menos sea seria. Llegados a este punto como podéis imaginar yo ya había descartado el trabajo definitivamente, y si no hubiera sido porque no disponía de medio de transporte no habría aguantado ni un segundo más con el paripé.

En fin, llegó la hora de comer y volvemos al punto de encuentro, comemos un bocadillo en esta cafetería, y nos dedicamos a hacer tiempo hasta las cinco de la tarde para volver a empezar a picar puertas. Como no podía ser de otra manera la sobremesa discurrió hablando de trabajo y de cuánto le faltaba a cada uno para conseguir su oficina . Volvemos al trabajo y lo que estaba bien claro es que no iba a aguantar la tarde al lado de JL, así que me las ingenié para, amablemente cambiar de compañero, la excusa de querer ver otras formas de venta me vino de maravilla.

La tarde la pasé con un chico de otra provincia que estaba de reciclaje en “nuestra” sede. En concreto se estaba reciclando porque le abrieron la oficina y tras seis meses se la dieron a otro chico por no cumplir los objetivos. Ahí saqué la conclusión, no sé si errónea o acertada de que la empresa monta una oficina y va alternándola entre los trabajadores para mantenerles vivo el sueño de retirarlos de la calle, a lo Pretty Woman

A eso de las siete y media de la tarde comenzó a llover, pero no importa Show must go on, así que seguimos picando puertas. Tengo que decir a favor de mi compañero de la tarde que él si consiguió cerrar alguna que otra venta, aunque también tengo que decir en su contra que en ninguna de ellas dijo ser de Iberdrola sino “de la empresa de la luz”, y si le preguntaban se identificaba sin problema como comercial de Endesa, cuando le pregunté al respecto me dijo que no mentía puesto que todo el cableado era de Endesa, así que en el fondo, según él, trabajaba para esta empresa también. A las ocho de la tarde este chico se fue, porque tenía que volver a su provincia y tuve que volver a vender con JL. Viendo la hora le pregunté sobre a qué hora volvíamos y me explicó que cuando daban de alta un contrato tenían que llamar al call center para pasar el alta, y como las teleoperadoras estaban trabajando hasta las nueve y media de la noche pues ellos estaban picando puertas hasta las nueve y media de la noche. Le expliqué que yo no podía estar en aquel pueblo hasta esa hora puesto que el último tren hasta mi localidad salía a las diez de la noche desde al lado de la oficina, así que o bien volvíamos ya para que pudiera coger el tren y volver a mi casa o bien se hacía cargo él mismo de llevarme a mi casa si perdía el tren. JL se indignó muchísimo haciéndome ver que él tenía que cumplir un horario y no podía irse cuando le diera la gana, a lo que le espeté “¿pero no eres autónomo? un autónomo por definición tiene su propio horario y vuelve a casa cuando considera que ha terminado de trabajar” a lo que contestó “tú lo que quieres es que me despidan por tu culpa”, ahí yo solté una carcajada que pareció no sentarle muy bien, y le expliqué que o bien me había perdido algo de la última reforma laboral o hasta donde yo sabía a los autónomos no se les puede despedir, en todo caso se deja de contar con sus servicios, pero en tal caso tú con tu autónomo puedes vender tu servicio a cualquier otra empresa, que para eso eres autónomo; y por supuesto ya aproveché para decirle que era una porquería de trabajo y que lo tenían engañado, “si yo trabajara para vosotros – le expliqué – saldría de mi casa a las ocho de la mañana, llegaría aquí sobre las nueve y tras un café rapidito me pondría a vender a muerte hasta las dos y media de la tarde. Cogería el coche y me largaría a mi casa a comer y fin de la jornada, no entiendo por qué tanta tontería de ir a la oficina por la mañana, tener que desayunar durante cuarenta minutos y luego estar casi tres horas a medio día mirando las caras de los compañeros en el bar. Te montas tu horario, haces tus ventas y listo” ¿qué creéis que me dijo JL? pues que eso no podía ser, que él tenía que cumplir un horario como todos los trabajadores del mundo y no podía hacer lo que le diera la gana. Aún sigo sin saber qué parte de AUTÓNOMO no había entendido.

Y encima la cosa no terminaba ahí, no señor, de diez a diez y media de la noche tenían que pasar todos por la oficina a dejar los contratos que habían dado de alta y meterlos en no se qué fichero, según él para no violar la ley de protección de datos.

Resumen: volví a mi casa tras catorce horas fuera, en las que aprendí que hay gente que tiene la capacidad de esclavizar a los demás y que éstos encima lo defiendan. Porque incluso a todo aquel que rechazaba la oferta de trabajo o se iban al poco tiempo lo ridiculizaban los mismos compañeros, los llamaban “vacas”. No sé qué les dan pero están todos obsesionados con la oficina que les van a montar, se saben al pie de la letra todo lo el IVA que pueden desgravar con su autónomo pero consienten que les traten como asalariados. Y no señores, no es así, si alguien quiere que cumpla un horario y unos objetivos que me abone la seguridad social y me ponga un sueldo; si sólo me paga a comisión dedicaré el tiempo que estime que tengo que dedicar y venderé lo que estime oportuno, además si el chico cañón me abre la puerta y no me firma el contrato de Iberdrola puedo intentar venderle un kilo de tomates o una aspiradora, porque para eso soy autónomo. Y lo más importante, si decido chupársela será por decisión propia y no para conseguir una comisión de veinticinco euros.

Foto: www.perez-castillo.com

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