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No me iré sin decirte adónde voy

libro

Bah! una novelucha romántica!

Debo reconocer que eso fue lo primero que pensé. Ni siquiera me atraía de ella el hecho de llevar una sobrecubierta indicando que había sido un gran éxito de ventas, al fin y la cabo “Crepúsculo” y “50 Sombras de Grey” han sido best-sellers, y no son de mi agrado precisamente.

Me lo regalaron por mi 32 cumpleaños, los compañeros del curso de Arquitectura Interior, y me sentí en la obligación de leerlo, así que lo llevaba todos los domingos al mercadillo; y de nuevo entono el “mea culpa” al admitir que durante muchas semanas el libro simplemente fue peso muerto entre los trastos. Ahí estaba, sin pena ni gloria y yo no me animaba a abrirlo.

Finalmente me lancé, y después de montar los gatos de madera y las pulseras, me coloqué mi gorrita y me dispuse a leer.

ImagenEl libro me enganchó en ese momento pero lo justo. Me explico, durante el primer capítulo despertó mi curiosidad, ya que utiliza un anzuelo genial en las primeras páginas para que te preguntes “¿Pero esto cómo va a ser?”…y después, lamentablemente se vuelve aburrido. Por eso lo dejé arrinconado en una mesita auxiliar del salón. Ahí estuvo mucho tiempo, para recordarme que tenía que leerlo.

Pero me daba una pereza increíble…

Finalmente me puse en serio con ello en el tren. Decidí echarlo al bolso y lo ojeaba brevemente en los veintidós minutos que dura el trayecto desde mi casa hasta mi último trabajo. Entonces sí que conseguí que la historia me llegara, pero creo que más que la historia en sí, lo que me animaba a seguir adelante fue la ambientación de la novela.

Te cuento. Mi actual pareja es de origen francés por parte de madre y, a pesar de llevar ocho años juntos, sólo hemos viajado una vez, en navidad de dos mil doce, al país galo para visitar a su familia. Y ese viaje se produjo en el intermedio entre mi primer intento de leer el libro y el segundo.

En total estuvimos nueve días en Francia. La mayor parte del tiempo la pasamos en un pueblo pequeño llamado Ambleville.

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Calle principal de Ambleville.

Que más que un pueblo es algo parecido a lo que en España llamamos pedanía e incluso aún más; un nucleo rural diseminado, es decir, un montón de casitas que han ido creciendo sin ton ni son y que en la mayoría de las ocasiones no tienen muchos servicios alrededor. De hecho en Ambleville no hay tiendas, ni médico ni nada. Sólo hay una parada de autobús con unos horarios que hacen indispensable disponer de tu propio vehículo. Eso sí, cuentan con un castillo digno de películas de terror. Por desgracia el señor que se encarga de su cuidado estaba de vacaciones y no pudimos visitarlo.

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 Castillo del terror de Ambleville

Finalmente y gracias a mi suegra, pasamos dos noches en París. ¿Qué voy a decir de París que no se haya escrito ya? pues poca cosa, disfrutamos mucho de la estancia en un pequeño hotel en Montmartre e hicimos las visitas típicas. Como anécdota puedo contar que uno de mis primos lleva varios años trabajando y viviendo en París, y estuvimos hablando  por teléfono para poder vernos, pero entre los eventos propios de las fechas y que su familia política habían viajado desde Marruecos para visitarle, nos fue imposible concretar un día, así que lo dimos por imposible.

Pero a veces las casualidades ocurren, y justo el día que paseábamos por los Campos Elíseos, me encontré con él. Fue uno de esos momentos en los que piensas “de verdad París tiene que ser mágico”. Una pena que sólo pudiéramos disfrutar de la cuidad por dos días.

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Rue de la Huchette, cerca de Notre Dame

“No me iré sin decirte adónde voy” es de un escritor francés y está ambientado en París; además, si conoces la ciudad, el libro consigue transportarte perfectamente a sus calles y al ambiente. Sin duda es lo que más me gustó de él.

Por el resto, creo que la frase para definirlo sería: “El libro de autoayuda que quiso ser novela”. No deja de ser un libro de autoayuda, eso si, bien disfrazado, con un comienzo intrigante y un final atroellado propio, o copiado, del mismísimo George Lucas.

Foto principal: http://elmundoenlibros.blogspot.com.es/2012/06/de-todo-un-poco.html

 

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Marketing, Telemarketing y MSF

Normalmente cuando se nos presenta la imagen de una teleoperadora siempre lo hacen con una foto de una chica guapísima, sonriente y encantadísima de hacer su trabajo; la verdad es que hoy día hay que estar encantadísimo de tener cualquier trabajo, aunque este sea como sumiso de dominatrix para sesiones de bdsm, la cuestión es llevar un sueldo a casa; pero no es ese el tema que quiero tratar sino lo que se esconde detrás de esta falsa fotografía. Durante la mayor parte de mi vida laboral me he dedicado al telemarketing, en cualquiera de sus etapas, desde teleperadora hasta coordinadora y supervisora; en este último puesto he llegado a tener a mi cargo más de cien personas y lo que veía cada día distaba y dista mucho de la imagen de teleoperadora sonriente. La verdad es que creo que no existe en el mercado laboral un trabajo que sea peor percibido por el usuario del servicio (la persona que llama o recibe la llamada), y que a su vez sea tan esclavizante con el trabajador.

Contaré las experiencias más relevantes, aunque en realidad tendría para escribir un libro… Recuerdo que la tercera empresa para la que trabajé como teleoperadora era un call center que prestaba servicios a Telefónica, actualmente rebautizada como Movistar, en concreto trabajaba para lo que llamaban “sipu” que no es más que un acrónimo de “Sistema de Puntos”; básicamente recibía llamadas de personas que querían cambiar sus puntos por móviles. Recibí una formación de una semana creo recordar, y tras una tarde escuchando a un compañero empecé a trabajar. Mi turno era de tarde, porque en este sector es más fácil encontrar trabajo en este horario, y trabajaba tres horas con cincuenta minutos al día, la verdad es que me resultó extraño el horario, pero en fin…era trabajo al fin y al cabo. Me seleccionaron junto con una amiga a la que asignaron el turno de mañana y como es natural entre mujeres, y sobre todo en la adolescencia, nos llamábamos todos los días para cotorrear y contarnos cómo nos había ido en el trabajo. Cierto día nos surgió una duda a la que tuvimos respuesta en breve. Resulta que dentro de nuestra jornada de tres horas y cincuenta minutos teníamos cinco de descanso, nos explicaron en el curso de formación, que se trataba de un descanso pensado para la vista, de hecho, más tarde supe que en el convenio estaba recogida como PVD (pausa de visualización de pantalla) y corresponde una cada hora, menos la primera hora de trabajo y la última media, creo recordar. Yo usaba esa pausa para ir a hacer pis y estirar un poco las piernas, y mi amiga bajaba a fumar un cigarro en su descanso. La verdad es que para poco más te da ese pequeño tiempo; en concreto el SIPU estaba en un edificio de varias plantas y en la nuestra no había aseos, así que yo aprovechaba para subir a la siguiente e ir al baño; resultó que un día el baño estaba ocupado, algo que por otro lado, entra dentro de la normalidad en un edificio con casi quinientas personas en plantilla y dos baños, así que bajé dos plantas hasta el siguiente, hice lo propio en el excusado y volví a mi puesto de trabajo. La sorpresa vino cuando al finalizar la jornada mi coordinadora me llamó a una sala de reuniones y me dijo que me había retrasado dos minutos en mi pausa, y que tendría que recuperarlos al día siguiente. La verdad es que me quedé ojiplática, le expliqué el motivo y me dijo que eso daba lo mismo, Telefónica pagaba al call center por minutos de conexión de los teleoperadores y si cada agente perdía dos minutos diarios resulta que al final del día son muchos minutos, y al final del mes ya ni te digo…Así que, por extraño que parezca, me dieron una charla de unos quince o veinte minutos explicándome la obligatoriedad de cumplir los tiempos y de recuperar esos dos minutos perdidos, puede parecer ridículo, pero esto ocurre porque esos dos minutos de mi tiempo los pagaba una multinacional y los otros quince, fuera jornada laboral, eran simplemente parte de mi tiempo libre, que se ve que no tiene valor alguno, así que si quería comprar una botella de agua en la máquina, orinar, sacar un café o lo que fuera tenía que hacerlo todo en esos cinco minutos, que por otro lado tampoco podía elegir cuándo cogerlos sino que estaban marcados dentro de mi jornada laboral.

Evidentemente al llegar a casa llamé a mi amiga y le expliqué lo injusto que me parecía la situación, teniendo en cuenta que ella iba al baño cuando quería y en sus cinco minutos incluso salía a fumar. A ella también le resultó raro, sobre todo cuando la despidieron, sin explicación alguna. Yo simplemente me fui, encontré otro trabajo y me largué, juré y perjuré que nunca más volvería a trabajar en telemarketing. Pero a día de hoy lo sigo jurando…

Posteriormente descubrí que la jornada de trabajo era de tres horas con cincuenta minutos porque si nos contrataban cuatro horas tenían que darnos un descanso de diez minutos, así que el contrato sería de cuatro horas pero en realidad trabajaríamos tres con cincuenta, pues mejor ahorrarse esos diez minutos de sueldo, ¿no?

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Foto:microsiervos.com

En la realidad los call center se parecen más a fábricas o gallineros, de los de verdad, que a cualquier otra cosa, suele haber un nivel de ruido ambientar enorme además de una persona, o varias, dando directrices a voz en grito en mitad de la sala, y desde luego la teleoperadora de la foto no existe. En muchos de ellos los trabajadores salen a descansar con un cronómetro, y las conversaciones que tienen por teléfono rozan el absurdo.

Ya como supervisora y con personal a mi cargo, la verdad es que la situación no mejoraba demasiado, la sensación diaria era la de estar prostituyendo mi alma por una nómina. Eso sí, descubrí que tengo buenas dotes para la interpretación, no han sido pocas las veces que he tenido que reunir a un grupo de teleoperadores en una sala y defenderles lo indefendible, convencerlos de que el procedimiento de la empresa era el mejor posible y cualquier otra cosa no merecía la pena ni intentarlo. Por ejemplo, la mayoría de las personas se quejan de que los teleoperadores son muy pesados, que les dices que no quieres algo y ellos insisten e insisten. Mi equipo de ventas tenía la obligación de insistir tres veces, si se pillaba a un agente que no lo hacía, la primera vez lo llamabas al orden, pero la segunda vez directamente le quitabas los incentivos; ¿resultado? todos insistían dos, tres y hasta cuatro veces. Otra de las quejas más comunes es la de que los teleoperadores no escuchan, y es que no están para escucharte, están para venderte; para escuchar está el teléfono de la esperanza; desde luego no esperes que un teleoperador te escuche, lo único que el teleoperador quiere es cumplir el procedimiento en la llamada y que si le escuchan (porque el noventa por ciento de las llamadas están pinchadas y las escucha algún supervisor o coordinador) no le pillen diciendo algo que no debe, por ejemplo alguna palabra terminada en -mente, o la palabra “problema”, o “caballero”…así que como puedes ver tu problema, perdón, incidencia, pasa a segundo plano en la cabeza de la persona que te está atendiendo.

Otra cosa absurda en este mundillo es el argumentario, la diferencia entre un teleoperador y un gestor es que el último tiene más libertad para hablar con el cliente y además cobra unos noventa euros más al mes aproximadamente; sin embargo el teleoperador tiene un guión que leer y no puede salirse de ahí; y eso señores es inamovible, aunque roce la ridiculez. He llegado a escuchar conversaciones del tipo:

Cliente: Buenas tardes quiero darme de alta en vuestra compañía, me llamo Pepito Pérez y mi DNI es XXXXXXXX-9 tome nota señorita

Teleoperadora: Buenas tardes, le atiende Gloria Bendita, gracias por contactar con nuestro servicio. TeleVirgen le ofrece la más amplia oferta televisiva, con los estrenos de las últimas películas, las series más galardonadas, el fútbol en exclusiva y todos nuestros servicios interactivos…bla, bla, bla…

O bien

Cliente: Buenas tardes señorita, resulta que quiero saber si me mandáis una revista a casa con toda la programación o la tengo que mirar en internet.

Teleoperadora: Buenas tardes, le atiende Gloria Bendita, gracias por contactar con nuestro servicio. TeleVirgen le ofrece la más amplia oferta televisiva, con los estrenos de las últimas películas, las series más galardonadas, el fútbol en exclusiva y todos nuestros servicios interactivos…bla, bla, bla…

Y el cliente cuelga. Una venta que se pierde pero Gloria Bendita siguió el argumentario. Y a estos ejemplos podría sumar mil más…

Pues bien, hace apenas una semana recibí una llamada de una teleoperadora de Médicos Sin Fronteras, la verdad es que no tenía ganas de escucharla y le dije que estaba ocupada, que no podía atenderla y me llamara en otro momento, para empezar me sorprendió que no insistiera, así que la segunda vez que me llamaron, esta vez un chico, atendí la llamada.

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Fuente: ongs.com

Desde el principio el tono de la llamada no me pareció invasivo, al contrario, el chico usaba un tono amable y cercano, dijo algo así como: “Me llamo Javier (o Jonathan, no recuerdo con claridad el nombre), soy de Médicos sin Fronteras y la llamo para darle las gracias por el sms que envió para colaborar en una de nuestras campañas”. Eso ya me desarmó… ¿quién te llama para darte las gracias? yo pensaba que la otra chica me llamó para que me hiciera socia, es decir, para venderme algo, es más, ni siquiera me acordaba de haber enviado ningún mensaje, pero tras unos segundos más de conversación lo recordé: en uno de los programas de El Intermedio, la verdad es que no lo veo a diario, tan sólo dependiendo de las barbaridades políticas del día, Wyoming aparecía con un señor explicando una campaña de Médicos Sin Fronteras y pidiendo la colaboración ciudadana, creí recordar que era para comprar vacunas o algo por el estilo y el chico al teléfono me dijo que sí, efectivamente me llamaban por ese mensaje. Me comentó el total de la recaudación de la campaña, y la cantidad de vacunas que se comprarían con ello, acto que todo sea dicho me llenó de orgullo y satisfacción, pero del de verdad, no del real, la cosa es que después de eso pasó a contarme otras campañas anteriores en las que MSF había actuado, como la crisis de los medicamentos en la India y el caso Novartis, del que había oído algo en televisión y leído algo en Internet. La verdad es que todo lo que contaba Javier me resultaba interesante, y luego me tiró la caña “¿sabe usted que Médicos Sin Fronteras es una organización independiente que sólo se sustenta con el dinero de los socios?, con muy poco dinero, como el de su mensaje, se pueden hacer muchas cosas ¿qué le parecería colaborar de una forma más regular con nuestras iniciativas?” Evidentemente Javier no me estaba llamando para darme las gracias, sino que lo hacía para captarme como socia de la ong en la que trabaja, o es voluntario (eso no lo sé) y lo hizo de una manera fantástica. Seguramente también tenía un papelito en el que ponía que tenía que hablarme de los genéricos y de la crisis alimentaria del cuerno de África, y lo hizo, pero también hablamos del tiempo en Madrid y de que los canarios son, según me dijo el chico, las personas mas comprometidas de España y las que más colaboran siempre en proporción con otras provincias.

Lo que vengo a decir con todo esto, es que me parece que esta ong tiene mucha más idea de marketing que Movistar, Jazztel, Digital+, Vodafone o cualquier otra. ¿Por qué no podemos hacer un telemarketing más respetuoso tanto con el trabajador como con el cliente? Javier no insistió en que me hiciera socia, le dije que desde hace dos semanas vuelvo a estar en desempleo, sin derecho a prestación y que ahora  mismo me es imposible. Seguramente me marcaría como socia potencial y más adelante vuelvan a llamarme, es una suposición mía porque yo lo haría, ya que tengo interés en su producto, incluso llegué a darle mi correo electrónico para que me enviaran información por mail tipo newsletter o por el estilo, sin que él me lo pidiera, pero ahora mismo, por desgracia, no me planteo “comprarlo”, aunque tengo que decir que no me sentí acosada ni por asomo. El chico tenía más o menos libertad para hablar y la conversación fue fluida y cómoda.

No sé si Javier también tiene que ir al baño con cronómetro, pero lo que sí sé es que desde mi lado del teléfono creo que fue la mejor llamada de ventas que he escuchado, y he escuchado muchas, así que desde aquí mi felicitación. Ojalá sirva de ejemplo, como muchas otras cosas que hacen en http://www.msf.es/

Foto principal: jereztelevision.com

No dirán que no lo intenté

Finalmente después de recibir numerosas llamadas para trabajar como comercial a puerta fría decidí entrar en el juego y probar suerte; quizá después de todo a lo mejor me estaba equivocando y mis prejuicios no me dejaban probar una oportunidad única.

Pero empezaré por el principio. Al poco de quedarme sin empleo y buscar y rebuscar entre ofertas decidí dedicar parte de mi tiempo a un proyecto de venta directa, en plan reuniones, de esas que hacían nuestras madres para conocer nuevas marcas de cremas y fiambreras. Me lié la manta a la cabeza, invertí unos trescientos euros en un pequeño inventario, y me lancé a vender por mi cuenta. Tengo que decir que amorticé la inversión en poco tiempo y que raro es el mes que no saco un dinerillo con mi maleta, pero si sigo buscando trabajo es porque, a día de hoy, aún no me da un sueldo como para poder vivir exclusivamente de ello sin buscar otra fuente de ingresos.

Pues bien, en una de estas reuniones una de las asistentes se fijó en mí; me contó que trabajaba en una empresa de venta a puerta fría. En concreto me comentó que comercializaban contratos de Iberdrola, como comenté en el post anterior en Andalucía la empresa distribuidora es Endesa (comunmente llamada “Sevillana”), y desde que se abrió el mercado hay una lucha en la calle entre los comerciales de Iberdrola, Eón y la propia Endesa para conseguir que cambies el contrato con ellos. Pues bien, la chica, muy maja por cierto, era la administrativa de la oficina y me dijo que su empresa era “Increíble”, que no había visto en tiempos de crisis gente que ganara más dinero, por desgracia ella no se beneficiaba de ello, ya que al ser administrativa contaba con un sueldo fijo y no optaba a cobrar comisiones.  En fin, tanto me insistió en que podía conseguirme una entrevista que finalmente acepté.

La entrevista fue normalita. El señor que me recibió en su despacho, imagino que por el mismo motivo que las teleoperadoras, me soltó un discurso sobre la liberalización del mercado energético, del que entendí bien poco, además lo hizo cual presentador de telediario leyendo su teleprompter,  a una velocidad que haría palidecer de envidia a la mismísima Lisa Simpson. Después de la entrevista, de la que pude retener poca información dada la sobredosis recibida, me quedé con varias ideas claras: decían que Iberdrola es la eléctrica más barata y se trataba de un trabajo de falso autónomo. Lo intenté pero puedo jurar cual Escarlata O’Hara poniendo a Dios por testigo, que por más que lo intenté, al salir de esa oficina no fui capaz de recordar ningún dato más de todos los que me había dado ese hombre; estaba tan obnubilada pensando en lo rápido que hablaba y lo bien que se sabía de memoria todos esos datos, que el bosque no me dejó ver los árboles. Recuerdo que salí de allí y le dije a mi chico: “No me he enterado de nada de lo que me ha contado este hombre, sólo sé que es para vender Iberdrola a puerta fría y que llamarán esta tarde a los seleccionados para que vengan un día de prueba”

Antes de terminar mi trayecto de veintidós minutos en tren hasta casa ya me habían llamado. ¡Oh qué sorpresa! primer punto de mis prejuicios confirmado: “si vas a una entrevista para comercial a puerta fría te llaman siempre, pero siempre siempre”. En fin, me volvieron a citar para dos días después, ese día me darían la formación y me enseñarían de qué iba el trabajo. El día señalado me levanté a las siete de la mañana, cogí el tren y llegué a la oficina unos diez minutos antes de que abrieran. La verdad es que la oficina la tienen en un sitio increíble de la capital, un piso grande en el centro bien decorado, con techos altos y vigas de madera, nada que ver con todo lo que había leído por Internet sobre oficinas a medio decorar en sitios cutres y sin letrero. Aquí había carteles con el nombre de la empresa por todas partes, estaba decorado en colores corporativos y  daba la sensación de llevar mucho tiempo funcionando. Todo el personal iba impecable, ellos de traje y corbata y ellas con taconazos y listas para asistir a un cóctel; yo creo recordar que llevé mis vaqueros más nuevos y una camisa además de, previsoramente, calzado cómodo.

A los nuevos, que éramos tres, nos hicieron pasar a una sala aparte del resto, en la que nos sentaron y nos pusieron un vídeo con los últimos logros de la empresa. Tras el vídeo entró una chica y nos explicó, de nuevo, que nuestro trabajo consistiría en ofrecer contratos de Iberdrola a los clientes de Endesa y Eón, que teníamos que acabar con todas las tarifas de último recurso que nos encontráramos, porque éramos la pera e íbamos a quedarnos con todo el mercado en la provincia. Yo iba dispuesta a aguantar el día, pasara lo que pasara estaría ahí el día entero, más que nada para ver de una vez por todas si el trabajo de comercial a puerta fría es tan malo como dicen por ahí; se ve que una chica en la misma situación que yo pensaba distinto y preguntó: “Yo quiero saber si tengo que darme de alta como autónomo para trabajar con vosotros y si voy a tener sueldo fijo”, dejo a vuestra imaginación las respuestas que recibió, sólo diré que se levantó y se fue, muy educadamente, eso sí. Bueno, ya sólo quedábamos dos, a cada uno nos asignaron un coordinador y nos dijeron que pasaríamos el día con ellos. Y ahora viene la sorpresa número dos: me fui con el coordinador, JL lo llamaremos, nos subimos tres personas en su coche y me dijo que íbamos a una localidad a más de cincuenta kilómetros de distancia, total casi una hora de viaje saliendo a las nueve y media de la mañana… me esperaba un día largo, sin duda. El viaje pasó sin pena ni gloria a no ser porque todos mis compañeros hacían referencia a su futura oficina, les pregunté al respecto y se ve que dentro de la empresa si conseguías un número determinado de ventas te abrían una oficina, no me terminó de quedar muy claro el tema, porque tal y como lo entendí les dan derecho a abrirla pero tienen que seguir siendo autónomos, sólo que en lugar de salir a vender se dedicarían a formar nuevos comerciales y cobrar una comisión sobre estas ventas; me pareció más un modelo de franquiciado que otra cosa, pero ellos no tenían el mismo concepto.

Llegamos a nuestro destino sobre las diez y cuarto de la mañana y nos dirigimos a una cafetería; me explicaron que esa cafetería sería el punto de encuentro, donde tendríamos que volver para comer y luego más tarde para reunirnos todos y marcharnos a casa. Yo había desayunado en casa, pero se ve que el resto de mis compañeros no, así que dedicamos unos cuarenta minutos en desayunar, tras eso sacaron un plano y repartieron las calles de la localidad. Yo me fui con JL, caminamos durante unos diez minutos y ahora sí, por fin a las once y media de la mañana estábamos listos para trabajar. De momento parecía fácil, se trataba de entrar en tiendas y locales comerciales argumentando que íbamos de la compañía eléctrica, (sin indicar de qué compañía of course), y estábamos revisando las facturas de la localidad para ver si les correspondía algún tipo de descuento. Estuvimos haciendo eso hasta la una y media de la tarde más o menos, sin mucho éxito, la verdad ya que aunque JL le ponía ganas de verdad y yo mostraba interés ayudándole, no conseguimos ningún contrato. Cuando le pregunté cuánto cobraba por cada contrato sólo conseguía evasivas, no daba ningún dato concreto, la única información que conseguí fue que la comisión dependía de la potencia contratada por el cliente, y que los contratos combinados de electricidad y gas se pagaban más caros. Cuando empezaron a cerrar los locales comerciales nos fuimos a hacer puerta fría, la verdad es que hasta ese momento no me había parecido mal del todo “la tarea a desempeñar”, porque lo que es el trato, y por tanto el conjunto del trabajo me parecía una auténtica porquería. Pero ya cuando nos pusimos a “picar puertas” fue el colmo.

Cuando pasas muchas horas con una persona y tienes un carácter abierto, como el mío, la gente suele contarte cosas, que una no siempre quiere escuchar. En una de las tantas puertas que tocamos nos abrió una señorita que estaba de buen ver,  tras intentar venderle Iberdrola sin éxito, y cuando la puerta se hubo cerrado JL dijo “Dios que buena estaba la perra!” a lo que yo sonreí, y siguó con un “aquí por un contrato se hace lo que haya que hacer, si el que te abre la puerta está cañón y tú sospechas que chupándosela te firma un contrato, pues se la chupas”

Todos tenemos un precio, soy consciente de ello, todos nosotros ante un cheque con suficientes ceros seríamos capaces de vendernos, pero ¿venderte por la comisión de un contrato de Iberdrola? ¿estamos locos o qué? Si van a hacerme una proposición indecente, que al menos sea seria. Llegados a este punto como podéis imaginar yo ya había descartado el trabajo definitivamente, y si no hubiera sido porque no disponía de medio de transporte no habría aguantado ni un segundo más con el paripé.

En fin, llegó la hora de comer y volvemos al punto de encuentro, comemos un bocadillo en esta cafetería, y nos dedicamos a hacer tiempo hasta las cinco de la tarde para volver a empezar a picar puertas. Como no podía ser de otra manera la sobremesa discurrió hablando de trabajo y de cuánto le faltaba a cada uno para conseguir su oficina . Volvemos al trabajo y lo que estaba bien claro es que no iba a aguantar la tarde al lado de JL, así que me las ingenié para, amablemente cambiar de compañero, la excusa de querer ver otras formas de venta me vino de maravilla.

La tarde la pasé con un chico de otra provincia que estaba de reciclaje en “nuestra” sede. En concreto se estaba reciclando porque le abrieron la oficina y tras seis meses se la dieron a otro chico por no cumplir los objetivos. Ahí saqué la conclusión, no sé si errónea o acertada de que la empresa monta una oficina y va alternándola entre los trabajadores para mantenerles vivo el sueño de retirarlos de la calle, a lo Pretty Woman

A eso de las siete y media de la tarde comenzó a llover, pero no importa Show must go on, así que seguimos picando puertas. Tengo que decir a favor de mi compañero de la tarde que él si consiguió cerrar alguna que otra venta, aunque también tengo que decir en su contra que en ninguna de ellas dijo ser de Iberdrola sino “de la empresa de la luz”, y si le preguntaban se identificaba sin problema como comercial de Endesa, cuando le pregunté al respecto me dijo que no mentía puesto que todo el cableado era de Endesa, así que en el fondo, según él, trabajaba para esta empresa también. A las ocho de la tarde este chico se fue, porque tenía que volver a su provincia y tuve que volver a vender con JL. Viendo la hora le pregunté sobre a qué hora volvíamos y me explicó que cuando daban de alta un contrato tenían que llamar al call center para pasar el alta, y como las teleoperadoras estaban trabajando hasta las nueve y media de la noche pues ellos estaban picando puertas hasta las nueve y media de la noche. Le expliqué que yo no podía estar en aquel pueblo hasta esa hora puesto que el último tren hasta mi localidad salía a las diez de la noche desde al lado de la oficina, así que o bien volvíamos ya para que pudiera coger el tren y volver a mi casa o bien se hacía cargo él mismo de llevarme a mi casa si perdía el tren. JL se indignó muchísimo haciéndome ver que él tenía que cumplir un horario y no podía irse cuando le diera la gana, a lo que le espeté “¿pero no eres autónomo? un autónomo por definición tiene su propio horario y vuelve a casa cuando considera que ha terminado de trabajar” a lo que contestó “tú lo que quieres es que me despidan por tu culpa”, ahí yo solté una carcajada que pareció no sentarle muy bien, y le expliqué que o bien me había perdido algo de la última reforma laboral o hasta donde yo sabía a los autónomos no se les puede despedir, en todo caso se deja de contar con sus servicios, pero en tal caso tú con tu autónomo puedes vender tu servicio a cualquier otra empresa, que para eso eres autónomo; y por supuesto ya aproveché para decirle que era una porquería de trabajo y que lo tenían engañado, “si yo trabajara para vosotros – le expliqué – saldría de mi casa a las ocho de la mañana, llegaría aquí sobre las nueve y tras un café rapidito me pondría a vender a muerte hasta las dos y media de la tarde. Cogería el coche y me largaría a mi casa a comer y fin de la jornada, no entiendo por qué tanta tontería de ir a la oficina por la mañana, tener que desayunar durante cuarenta minutos y luego estar casi tres horas a medio día mirando las caras de los compañeros en el bar. Te montas tu horario, haces tus ventas y listo” ¿qué creéis que me dijo JL? pues que eso no podía ser, que él tenía que cumplir un horario como todos los trabajadores del mundo y no podía hacer lo que le diera la gana. Aún sigo sin saber qué parte de AUTÓNOMO no había entendido.

Y encima la cosa no terminaba ahí, no señor, de diez a diez y media de la noche tenían que pasar todos por la oficina a dejar los contratos que habían dado de alta y meterlos en no se qué fichero, según él para no violar la ley de protección de datos.

Resumen: volví a mi casa tras catorce horas fuera, en las que aprendí que hay gente que tiene la capacidad de esclavizar a los demás y que éstos encima lo defiendan. Porque incluso a todo aquel que rechazaba la oferta de trabajo o se iban al poco tiempo lo ridiculizaban los mismos compañeros, los llamaban “vacas”. No sé qué les dan pero están todos obsesionados con la oficina que les van a montar, se saben al pie de la letra todo lo el IVA que pueden desgravar con su autónomo pero consienten que les traten como asalariados. Y no señores, no es así, si alguien quiere que cumpla un horario y unos objetivos que me abone la seguridad social y me ponga un sueldo; si sólo me paga a comisión dedicaré el tiempo que estime que tengo que dedicar y venderé lo que estime oportuno, además si el chico cañón me abre la puerta y no me firma el contrato de Iberdrola puedo intentar venderle un kilo de tomates o una aspiradora, porque para eso soy autónomo. Y lo más importante, si decido chupársela será por decisión propia y no para conseguir una comisión de veinticinco euros.

Foto: www.perez-castillo.com