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Maltrato al Teleoperador

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Si existe una profesión en la que se maltrata indiscriminada y gratuitamente al trabajador, esa es, sin duda, el telemarketing. Sin embargo, hasta que no escalas un par de puestos dentro de la organización no llegas a entender algunos de estos comportamientos; y otros, aún así, continúan siendo un misterio.

Dentro de este gremio existen básicamente dos tipos de empresas: las serias y las de “chichinabo” (por llamarlas de alguna forma), y empezaré por estas últimas, ya que son las más fáciles de definir y en las que el modus operandi es también más simple.

Cualquiera puede montar un call center a día de hoy, es tan sencillo como buscar un producto para vender, contratar un par de móviles con tarifa plana de llamadas y disponer de una base de datos a los que llamar ¿Que no tienes base de datos? pues no pasa nada, siempre puedes utilizar la Infobel y si no quieres usar esa base de datos no pasa nada las teleoperadoras te crearán una propia con el sistema que utilizan en muchísimas empresas de venta de bonos de hotel, por no decir en todas:

Cada teleoperadora realiza un listado con quince personas de su agenda personal a las que llamará para contarles que ha empezado a trabajar informando de unos bonos de hotel fantásticos, e intentará colocarles un paquete a sus familiares y amigos. Si consigue vender alguno le cuenta al comprador que por facilitarle cierto número de contactos de su agenda se llevará dos noches más de regalo. Todo esto por supuesto edulcorado con frases del tipo “Sólo les voy a contar la promoción, sin compromiso”, “Es para poder seguir trabajando”, “es que me he quedado sin números a los que llamar”… y perlas por el estilo.

Gracias a argucias como esta he llegado a sacarle cuarenta números de teléfono a algunas personas. Et voilá! El call center de chichinabo ya tiene base de datos!

Con este sencillo sistema he vendido cursos de formación, almohadas, bonos de hotel, sartenes, e incluso el libro “La Cenicienta de Ambiciones” de Belén Esteban…Y no! No es broma por mucho que suene a chiste!

cenicientaFoto: tresvender.es

 El día que empecé a vender el libro en cuestión llegué a casa llorando…Pero en fin… A lo que iba! Montar este tipo de empresa se basa en unos sencillos principios:

– Ganar dinero

– Engañar al cliente

– Abusar del trabajador

Si sigues estos tres puntos tu empresa será exitosa y terminarás llevando un BMW o un Mercedes, y por supuesto si marcas unos objetivos inalcanzables para cobrar incentivos ya la ecuación es perfecta.

En este tipo de empresas la rotación de personal es constante, ya que suelen cambiar de trabajadores antes de que se quemen. Porque, ni que decir tiene, que es imposible pasar más de dos días sin estar achicharrado. Además no son pocos los sitios en los que ni siquiera se trabaja con cascos, sino que tienes que hablar y escribir mientras sostienes el teléfono pegado a la oreja con el hombro. Ya te puedes imaginar el dolor de cervicales con el que llegas a casa.

Por ejemplo, te puedo contar, que en el sitio donde vendía almohadas nos exigían ocho ventas diarias. Y cuando digo exigir quiero decir exigir! Si no hacías ocho ventas diarias no te ibas a casa, aquello llegaba a rozar el secuestro! Mi jornada de trabajo era de cuatro de la tarde a nueve de la noche; y si a esa hora no estaban listas tus ocho ventas pues tenías que quedarte a echar horas extra no remuneradas, of course!

¿Qué pasaba entonces? pues que las nuevas nos quedábamos sin rechistar, hasta que descubrías alguna artimaña para poder largarte; la que yo desarrollé era muy sencilla: me inventaba las ventas y enviaba los comerciales a cualquier dirección al azar con la almohada. Al principio tenía remordimientos, pero luego me hacía gracia pensar en la situación que se daría al día siguiente entre el comercial intentando cobrar veinte euros por algo que la señora no había pedido y la señora que no entendería nada.

Sin duda la conversación terminaría con un “malditas teleoperadoras que nos hacen perder el tiempo” y ahí quedaría la historia. Pero yo me salvaba de hacer horas extra sin cobrarlas y conseguía un sueldo a fin de mes con el que pagar mi hipoteca. De todas formas, ninguna de las ocho chicas que entramos juntas en aquel trabajo superamos el mes de prueba. Y nos cambiaron por otras ocho que deben seguir vendiendo ocho almohadas al día…

Además en aquel lugar nos hacían entregar el móvil al comienzo de la jornada. Es increíble lo borregos que podemos llegar a ser! Nadie se quejaba por aquello y dejaban el teléfono sobre la mesa de la coordinadora si rechistar. Aquí también desarrollé una argucia para evitar dejar el mío: busqué uno antiquísimo que tenía en casa y le dejaba ese sobre la mesa mientras tenía el de verdad en el bolso. Una compañera que usaba un Iphone cierto día se rió de mí en el descanso por tener aquel móvil tan antiguo a lo que le contesté: “Si tuvieras que dejar la cartera con 500€ todos los días sobre la mesa de la coordinadora ¿lo harías? porque eso es lo que estás haciendo al dejarle el Iphone” La verdad es que la cara que puso fue un poema pero continuó dejándolo.

En fin… Como en el “Rey León” la historia de los call center de chichinabo es un ciclo sin fin…

Anécdotas como estas tengo miles. Pero ahora le toca el turno a las otras empresas: las serias.

En estas organizaciones todo, absolutamente todo está cuantificado. Para empezar los teleoperadores suelen tener un número asignado, trabajan pendientes del reloj y de sus tiempos cual si fueran la Espada de Damocles. A veces está todo tan cuantificado que se dan circunstancias que rozan el absurdo, aunque como decía más arriba cuando promocionas un poco dentro de la empresa llegas a comprender algunos comportamientos.

Tal y como conté en otra entrada, cuando trabajé para Movistar de  teleoperadora me dieron una charla de quince minutos para explicarme que tenía que recuperar dos minutos de tiempo que perdí en el baño. En aquel momento, y ahora, me pareció ridículo. Pero posteriormente, cuando fui supervisora de la campaña de Cita Previa de la Agencia Tribuaria entendí el motivo:

Muchas empresas contratan los servicios de atención telefónica por minutos, y eso hace que se deban controlar los tiempos de los agentes minuciosamente. Dos minutos que se retrase un teleoperador en ir al baño no parece mucho, pero si tienes trescientos teleoperadores y cada uno de ellos se retrasa dos minutos cada día en el baño  al final de mes te han faltado más de 200 horas de atención telefónica que no has cumplido con tu cliente. Y ese es el motivo REAL por el cual se controlan tanto los tiempos en telemarketing.

Otro modelo de contratación puede ser por nivel de atención. Esto se da, sobre todo, en aquellos servicios a los que llamamos y comunican continuamente. Esos servicios suelen cerrar el contrato de atención telefónica por porcentajes de atención máximos.

Aquí podré un ejemplo para que se entienda mejor. Vamos a suponer que yo tengo un campo con melones que necesito recoger y te contrato para que recojas el 90% de los melones, yo sólo te voy a pagar el coste de recoger ese porcentaje, y si en lugar del 90% te encargas del 100% no voy a pagarte más ¿Qué sucede entonces? Pues que cuando llegues a esa cifra te largarás a casa y dejarás el resto de los melones en el campo. Pasando el ejemplo a la situación real, en el momento en que se atiendan el 91% por de las llamadas el call center está “perdiendo dinero” porque atiende más llamadas de las que aparecen en el contrato así que se despide a personal para ajustarnos al acuerdo.

Todo este tipo de cosas hace que en el sector exista una temporalidad enorme, una rotación del personal tremenda y un maltrato al teleoperador inhumano. Pero no te equivoques, no es cosa de la crisis. El telemarketing ha sido, y será, siempre así. Yo siempre tengo la sensación de que, quién nunca ha trabajado en este mundillo, al pensar en una teleoperadora se acuerdan de aquella secretaria de “Desafío Total” que se pintaba las uñas. Pues la realidad es totalmente opuesta.

En telemarketing los trabajadores tienen que pedir permiso para ir al baño, en algunos sitios tienen que apuntarse en una lista, según la campaña para la que trabajen salen a descansar con un cronómetro, y están obligados a cerrar cierto número de ventas diarias bajo amenaza de despido. Por supuesto olvídate de encontrar un trabajo de teleoperador a jornada completa y te repito que no es por la crisis!

Este sector ha sido siempre así. Existe la falsa creencia de que una teleoperadora deja de ser productiva a partir de la cuarta hora de trabajo, porque está cansada…

Vamos a ver…

Nadie puede vivir con un sueldo de 400€ (que es lo que cobras por media jornada en telemarketing), así que no son pocas las teleoperadoras que trabajan en un call center por la mañana y en otro por la tarde ¿prefieres que llegue cansada después de haber estado vendiendo otra cosa por la mañana antes que contratarla ocho horas y que las primeras cuatro te las haya dedicado a ti?

Pues si!

No he conseguido nunca que entiendan mi punto de vista en cuanto a la duración de la jornada. Parece una máxima a cumplir por todos los empresarios del sector: “No contratarás a nadie por más de seis horas al día”

Por desgracia, gran parte de mi vida laboral se la he dedicado a esta profesión, y cada día parece que me pesa más y más… Pero me pesa en todos los escalones de la pirámide, tanto cuando debo estar al teléfono como cuando mi labor ha sido reclamar los dos minutos perdidos en el baño o despedir gente por haber superado los máximos de atención.

Creo firmemente que si se diera un trato más humano al trabajador también mejoraría la atención al cliente, se fidelizaría al empleado y se acabaría con la lacra que supone el absentismo para este mercado, que ronda sobre el diez por ciento estructural.

Pero ¿sabes qué? que a los primeros, los de chichinabo,  sólo les importa vender dando igual cómo. Y a los segundos sólo les importan los números y no la calidad.

Mientras esto siga así continuaremos recibiendo llamadas a las diez de la noche para colocarnos cosas que no necesitamos y nos será imposible contactar con un servicio de atención al cliente medianamente decente.

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Conchi

Su padre fue zapatero y ella adoraba a Manolo García, así que eso hizo la combinación perfecta para convertir esta canción en su favorita. Tanto adoraba al cantante que aún en época de quimioterapia, y en secreto, se escapó con una amiga para acudir a un concierto con su pañuelo en la cabeza. Conchi era así…pero empezaré por el principio.

Ayer hablando con mi madre, me contó algo que me ha tenido pensando desde entonces. De hecho hoy pensaba publicar algo sobre el asesinato de Isabel Carrasco, pero tengo que dejarlo para mañana.

La preñati tiene cáncer de mama. Está con quimioterapia y todo. No tenía ningún síntoma.

¿Entonces? – le pregunté – ¿cómo se ha enterado?

Ha ido a revisión porque llevaba varios días soñando con Conchi. Dice que en los sueños le insistía en que fuera al médico a mirarse el pecho.

Y ahora no puedo dejar de pensar en ella…

Mi madre dejó el colegio con once años, porque tras la muerte o el robo, imagino que nunca lo sabremos, de un bebé a mi abuela, ésta calló en una profunda depresión. Desde entonces mi madre se ganó la vida cosiendo, primero en talleres pequeños y posteriormente para alguna gran firma. Después de mi nacimiento ella dejó de trabajar y se dedicó a “sus labores”, hasta que le volvió a picar el gusanillo de ponerse delante de una máquina como años atrás.

Así conocimos a Conchi. Junto con José Mari, regentaban un pequeño taller en la barriada de mi abuela. Él se dedicaba al patronaje, diseño de los nuevos modelos y corte de las piezas; mientras que ella distribuía el trabajo entre las distintas mujeres que allí trabajaban. La preñati era una de ellas.

En esa época descubrí lo que era una remalladora, una máquina plana, e incluso una recubridora. Aunque durante toda mi vida había visto a mi madre coser, fue entonces cuando me picó el gusanillo y aprendí a hacerlo, más o menos de verdad, y digo esto porque aún hoy día ante el:

Mira mamá que falda lápiz más bonita me he hecho. Estoy super orgullosa, me queda divina!

Recibo como respuesta:

La próxima vez recuerda que primero tienes que coger el dobladillo y después cierras la rajita de detrás, para que no se te vea esto tan feo.

Descorazonador. Pero sé que lo hace desde el cariño, y que la sutileza no es de sus puntos más fuertes.

La vida, a veces, crea casualidades, o parece que tuviera algún tipo de plan pretrazado, porque resultó que Conchi había coincidido en un trabajo con mi madre y José Mari, estudió en el mismo instituto que mi padre, siendo además un gran organizador de guateques a los que, al parecer, y no podía ser de otro modo, mi padre era un asiduo.

Así que, como te puedes imaginar no fue difícil que la relación se estrechara en poco tiempo y entraran a formar parte de nuestra familia. De esa familia que no te toca al azar, sino de la que se elige con plena consciencia. De esa familia con la que no compartes lazos de sangre, sino lazos mucho más fuertes.

No era extraño que vinieran a casa a cenar cualquier día de la semana, incluso sin avisar, ni compartir cosas tan cotidianas como ir juntos al mercadillo o a algún mercado municipal para comprar pescado.

Ellos no eran pareja. Aunque algún affair tuvieron tiempo atrás. Y sus vidas diarias estaban formadas por una suerte de triángulo equilatero, de apenas unos cincuenta metros de perímetro, en el que los vértices, eran la casa de él, la casa de ella y el taller de confección. Este último, el taller, también se convirtió en un punto importante en nuestras vidas, empezando porque todas las reparaciones eléctricas  que hicieran falta allí las hacía mi padre, y pasando por el hecho de que si mi hermana o yo necesitábamos un vestido José Mari y Conchi se ponían manos a la obra y en la misma mañana lo tenías listo y te lo llevabas a casa. Incluso si querías podían coserte alguna etiqueta de las tiendas que les compraban las prendas para que pudieras decir que tenías un modelo exclusivo de alguna firma. Aún guardo el vestido que hicieron para mi graduación en el instituto, y a mi hermana, que estudió flamenco en el Conservatorio, le confeccionaron una impresionante bata de cola.

Entonces llegó el cáncer.

Todo empezó cuando ella notó que se le hinchó uno de los pechos, tanto que apenas podía mover el brazo. Fue al médico y le diagnosticaron una mastitis, motivo por el cual no le dio la mayor importancia, aunque el dolor continuaba y la hinchazón también.

Finalmente decidieron operarla para quitarle el “bultito” y que pudiera seguir con su vida normal y sin dolores. Pero cuando estaba en la mesa de operaciones, los cirujanos no tuvieron más remedio que realizarle una mastectomía. Nos llamaron a casa y resultó un drama, recuerdo que estaba en la cocina con mi madre y no podíamos dejar de llorar.

Es curioso que, aunque pueda salvarte la vida, a una mujer nos resulte tan doloroso el perder un pecho.

Eso sí. Los médicos dejaron el hueco por si ella más adelante decidía hacerse una reconstrucción. Y empezó la quimio.

Al principio se negaba al hecho de perder el pelo. Pero contaba que sufría unos dolores terribles cada vez que algo rozaba uno de sus cabellos y le explicaron que era a causa del tratamiento. Decía no poder apoyar la cabeza en la almohada para dormir. Y pensó que si lo tenía más corto le dolería menos. Fue a la peluquería y pidió que le pasaran la maquinilla al uno, y narraba que por más cuidado que ponía la peluquera, el dolor fue enorme y que a pesar de aquel martirio, continuaba sin poder dormir a causa de los dolores.

Mi hermana y yo nos hicimos con dos pañuelos preciosos, uno rosa y otro color turquesa. Eran de colores vivos intencionadamente además buscamos unos que fueran suaves al tacto. Y el siguiente domingo, después del fantástico arroz con leche que hacía José Mari, se los dimos y le pregunté si me dejaba intentar afeitarle la cabeza. Le prometí no hacerle daño y poner todo el cuidado del mundo, asintió tímidamente con la cabeza y tras poner carita de pena nos fuimos las tres al baño.

Junto con mi hermana, intentamos poner todo el humor posible a aquella situación, tirándonos espuma de afeitar entre nosotras, contando chistes y haciéndonos cosquillas, de forma que se convirtió en algo menos duro para ella, o eso queríamos pensar nosotras. Ahí estábamos las tres en el baño liadas con la espuma, la cuchilla y las risas. Sin contar con el enorme lío que nos hicimos al intentar colocarle el pañuelo, porque hoy día es muy fácil, te miras un tutorial en youtube y listo, pero hace como diez o doce años yo no tenía ni ordenador en casa. En fin, salió del baño con su pañuelo rosa en la cabeza, con más o menos gracia, y el resto de la familia la recibió en el salón entre aplausos y gritos de “Guapa”.

Tiempo después se compró una peluca fantástica, iba más arreglada con aquella peluca que con su pelo natural, y estaba guapísima con ella. Aunque no terminaba de acomodarse y se la quitaba a la menor oportunidad.

Conchi siempre fue una mujer fuerte y luchadora, de hecho, la historia completa de su marcha es una historia de lucha y fuerza. Superó la quimio, siempre sonriendo, y estuvo cinco años limpia.

Después volvió a encontrase mal y volvieron a diagnosticarla erróneamente. Tuvo la mala suerte de enfermar en las vacaciones de su oncóloga, y la doctora que la atendió le dijo que tenía neumonía y por eso le costaba respirar. Pero se equivocó. El cáncer había afectado al pulmón. Cuando empezó de nuevo con la quimio había perdido casi totalmente su capacidad pulmonar.

La última vez que le afeité la cabeza no pudo llegar desde su cama al baño sin perder el aliento, y fue incapaz de llevar la silla en la que se sentó. Aún así, ella se aferraba a la vida con todas sus fuerzas y con buen humor.

Le encantaba jugar al parchís y cuando perdía se enfadaba tanto, que en ocasiones le terminaba tirando “la teta de goma” (como ella la llamaba) a mi padre. Decía que pesaba mucho y en cuanto llegaba a casa ponía la teta encima de la mesa, o se la tiraba a alguien a la cabeza, aquello siempre me resultó cómico.

Mi hermana llegó a llamarla “la rubia más peligrosa del parchís”.

Conchi seguía enamorada de José Mari y, aunque el sentimiento no era mutuo, él adoptó el papel de sherpa. Le hacía la compra, la comida, la bañaba, le hacía compañía cada minuto y se encargaba de toda sus necesidades. Cerraron el taller y él trabajaba de conserje en una comunidad; en sus dos horas de descanso para comer, cogía el coche, conducía unos veinte kilómetros hasta casa de Conchi, le preparaba la comida y volvía al trabajo.

Desde luego él no sentía amor romántico por ella, pero existen muchos tipos de amor, y el que él le profería era quizá de los más grandes y fuertes que existen.

Mi madre la acompañaba a sus sesiones de quimio, ante la perspectiva de que a veces tenía que ir sola, y también pasó alguna noche que otra con ella en el hospital. Mi hermana y yo ayudábamos en lo que podíamos.

Los últimos días fueron los más duros. Tan sólo fueron ocho días, pero resultaron una auténtica angustia. Como decía más arriba, las personas con las que compartes lazos de sangre, tu supuesta familia, no es siempre tu familia real, y ves situaciones ante las que no puedes hacer nada. Yo conocía a Conchi, sabía que era una mujer fuerte y luchadora, sabía que ella conocía el hecho de que se marchaba, era plenamente consciente de ello, hasta el punto de solicitar la visita de un notario para dejar constancia de sus últimas voluntades. No entenderé nunca porqué la familia tomó la decisión de sedarla en sus últimos dos días sin consultar con ella. Conchi no habría querido irse así.

Durante esos ocho días recé más que nunca en mi vida; y siempre pedía lo mismo. Ante lo inevitable de la situación yo le pedía a Dios que ella se marchara en paz, que no dejara nada pendiente.

Y, si exsite Dios, creo que me escuchó.

El día antes de marcharse, estando José Mari en la habitación con ella, se despertó de la sedación; se sentó en la cama y le abrazó fuerte mientras le daba las gracias por haber cuidado de ella. Volvió a decirle que siempre había estado enamorada de él y se durmió de nuevo. Esta vez para siempre.

Y se marchó.

Ahora descansa a los pies de una higuera, en un campo al que solíamos ir los domingos. Allí fue donde pusimos sus cenizas mientras sonaba su amado Manolo García y leímos una carta que dejó escrita a modo de despedida.

Conchi fue la persona más fuerte que he conocido en mi vida. En casa nos seguimos acordando mucho de ella. Aún doce años después, una foto suya sigue presindiendo la cómoda de mi madre y, después de la conversación de ayer, puedo decir con certeza que los ángeles existen.

Otro libro libre

Hará cosa de un mes, estaba haciendo algo tan marujil como la compra con mi suegra, y manteníamos una conversación más o menos animada sobre libros. Llevo tiempo pensando en incluir una sección sobre libros que voy leyendo en el blog, porque me resulta agradable tener con quién comentar lo que voy leyendo y, por supuesto recibir recomendaciones de otros lectores, quizá esta semana me anime y la ponga. La cosa es que ella está leyendo un libro, siento no recordar el nombre, en que hacían mención a libros que se abandonaban en algún lugar para que otras personas los puedan coger y leer. A ella le pareció una idea fantástica, y debo reconocer que me sorprendió bastante, sobre todo, teniendo en cuenta que es adicta a los volúmenes nuevos, dice sentir una conexión especial con el libro al saber que es la primera persona en leerlo. Imagino que será algo así como “quitarle la virginidad a la obra”.

Sin embargo a mí, desde siempre me han encantando las librerías de segunda mano, las bibliotecas y los libros usados…Me encanta imaginar los libros como seres vivos, que ofrecen algo a cada persona que los posee y a los que les queda algo de mí después de leerlos. Creo que es, además una idea mucho más romántica, la del texto que va viajando y enriqueciéndose con cada mano que lo toca, de hecho, siempre que veo uno en la calle, tirado o abandonado, no puedo evitar el recogerlo…supongo que soy como la vieja de los gatos de Los Simpsons, pero con libros (más que nada también porque ya tengo una gata y mi chico no está dispuesto a que adoptemos más…sino imagino que también tendría más de un gato en casa). Si te fijas te sorprenderá la cantidad de libros que tira la gente…

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 Ejemplar de “Sonnica la Cortesana” de V. Blasco Ibáñez

que encontré en una cuba de obra.

La cosa es que lo que ella comentaba se llama “BookCrossing” y es un movimiento que tiene ya algunos años. Yo lo descubrí gracias a un compañero de trabajo de hace tiempo. El chico solía llevar una bandolera de la que colgaba un figurita de “El Principito“, me pareció tan original que se lo dije, entonces él me comentó que era como su amuleto porque fue el primer libro que leyó gracias al BookCrossing, y que desde entonces acudía a charlas literarias, además era miembro muy activo del grupo, liberaba muchos libros y también cazaba otros tantos.

Me picó la curiosidad y busqué información en Internet. Me encantó la idea, y estuve bastante tiempo fantaseando sobre liberar algún libro y dejarlo que siga su camino, pero debo reconocer que no he sido capaz de hacerlo. La única vez que me deshice de un libro, fue hace unos dos años porque cometí el error de comprar “Crepúsculo”, lo siento por los fans, pero para mí resultó infumable. De adolescente leía mucho y especialmente sobre vampiros, por aquel entonces no estaba de moda, y la verdad es que después de haber leído a Anne Rice, cualquier otro vampiro se me queda corto. En fin, el caso es que los vampiros fluorescentes y repetidores de instituto como que no me gustaron, y pasé por la librería de segunda mano más cercana a mi casa y lo cambié por “No digas que fue un sueño” de Terenci Moix. Indudablemente salí ganando con el cambio.

A día de hoy, la idea de liberar libros aún me atrae, y por eso me he animado a liberar mi primer libro. Y te voy a explicar un poco la dinámica. Para empezar hay que elegir uno de tu colección, cosa que no es sencilla; después de dar un par de vueltas por mi salón me he decidido por “Heidi” de Johanna Spiry, en primer lugar porque me encantó la serie de animación, tanto tanto, que aún cuando la reponen por las mañanas me quedo embobada delante del televisor, y en segundo lugar porque lo compré unas navidades en el Mercadillo de Nuevo Futuro, entonces me gusta la idea de compartir algo con lo que he ayudado a una obra benéfica.

El siguiente paso es imprimir las etiquetas que facilitan en la propia web. Yo he elegido dos modelos, una para poner en el lomo, y otra para poner dentro, porque me parece buena idea que la persona que lo encuentre tenga visible una de las etiquetas siempre, aunque el libro lo haya puesto entre los de su biblioteca particular.

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Una vez que tenéis las etiquetas impresas hay que registrar el libro y conseguir un código, para eso te dejo el enlace a la web. En cuanto te registres verás que es fácil seguir los pasos que van indicando.

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Y poco más, sólo falta poner las etiquetas en el libro y liberarlo. Como ves, además de las etiquetas de rigor, yo he añadido una de mi puño y letra, reconozco que no he sido muy original y que mi caligrafía es horrorosa, pero me apetecía dejar mi impronta.

Existen dos formas de liberación “En la jungla” o “Controladas”, éstas últimas consisten simplemente en dejarle el libro a alguien conocido, o enviarlo a alguien del foro que lo ande buscando, mientras que las liberaciones “En la jungla” consisten en dejarlo en algún lugar y esperar que alguien lo encuentre. El sistema te permite dar pistas e incluso la localización exacta donde vas a liberarlo, pero al no ser obligatorio, yo he optado por dejar esa parte en blanco, para que sea encontrado al azar.

Espero que quién lo encuentre lo disfrute y posteriormente vuelva a dejarlo en algún lugar de la cuidad para que de verdad sea un libro libre.

Vuelva usted mañana

mafalda

Me permito el lujo de copiar el título del artículo de Larra en que comentaba las expectativas de un extranjero, francés para más señas, que vistió nuestro país con ánimo de solucionar unos temas de herencia e invertir algún dinero, para contaros la amarga experiencia que puede resultar recurrir una multa…algo que en principio puede parecer un trámite sencillo, se convierte en un ir y venir sin sentido por administraciones y ventanillas…

En el mes de noviembre mi actual pareja y yo bajamos al centro y al más puro estilo Esperanza Aguirre paramos en doble fila por unos minutos. Sabíamos que sería una parada corta y bajo el abrigo de la noche nos vinimos arriba y abandonamos el coche a su suerte, durante un breve espacio de tiempo, con las luces de emergencia encendidas. Nuestra sorpresa llegó cuando al acercarnos al vehículo para irnos vimos un coche de policía que, como dice mi padre, con nocturnidad y alevosía, pasaba justo al lado, hacía una foto al nuestro y se marchaba. Evidentemente pensamos “multa al canto”, a pesar de que nunca nos llegó notificación alguna.

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Foto: www.beevoz.com

Pero pobres de nosotros que seguíamos con nuestras vidas normales, hasta que hace unas semanas, un famoso bufete de abogados tipo tarifa plana, llama a mi chico y le ofrece reclamar la multa. Previo pago de su minuta anual, evidentemente, pero la cosa no es esa,  sino ¿cómo consiguió este despacho toda la información necesaria para llamar directamente al dueño del coche y ofrecer su producto? Nos dijeron que habían dado con él mediante el BOP, así que lo consultamos y allí estaba retratado su NIF, la matrícula del coche, la calle y la fecha de autos, pero nada más; no sabíamos ni el importe ni el hecho concreto que constaba en la denuncia.

Como actualmente tengo las mañanas libres decidí hacerme cargo de retirar la denuncia y, bien pagarla o reclamarla en caso que pudiéramos hacer algo. Así que al día siguiente, jueves  10 de abril, para más señas, me levanté temprano y fui a Tráfico para informarme.

Me atendió un guarda jurado muy amable, que contaba con un montón de papelitos como el que os dejo en la foto.

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Debo reconocer que al principio fue como una torta en la cara, en plan “me levanto temprano para venir aquí y me dan un papelucho con la web de tráfico. Menuda estafa”, pero más tarde me sumé al bien conocido “mal de muchos, consuelo de tontos”, pensando que, dada la cantidad de octavillas con que contaba este señor, seguramente no fui la única persona que se sintió estafada ese día.

Comentando la jugada con mi padre, me dijo que esa multa no tenía que recogerla en tráfico, ya que allí sólo están las que pone la Guardia Civil, y que la nuestra, al ser de la Policía Local, no me la entregarían allí. El pobre no tenía ni idea de dónde, pero sabía que ahí no.

Vuelta a Internet, averiguamos que la multa estaba en el Registro Municipal, y según aparecía en la web teníamos que ir al Ayuntamiento a retirarla. Visto esto, al día siguiente, viernes, vuelvo a levantarme temprano para ponerme manos a la obra.

Actualmente vivo en un pueblo turístico a unos  quince kilómetros de la capital, pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión, y la mayoría de las veces opto por el transporte público para bajar al centro, aunque aquel día anduve un poco perezosa y me llevé el coche.

Por supuesto, aparcar en el centro, resultó misión imposible. Dejar el coche aparcado cerca de tu destino en el centro es una aventura digna de ser escrita por Tolkien y dirigida por el mismísimo Peter Jackson, porque, claro, todo habría sido mucho más aburrido si Frodo hubiera ido en coche hasta Mordor para deshacerse del anillo. Eso sí, nuestro hobit, le hubiese dado, igualmente, un euro al gorrilla, porque no te pienses que por aparcar en las mismísimas puertas del infierno te vas a librar de darle un euro al susodicho.

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Foto: www.auntirdepedra.com

En fin, opto por un aparcamiento municipal. Y me dirijo, ahora sí, al Ayuntamiento. Paso el cerco detector de metales, voy hasta la ventanilla de información y le cuento mi película, de intriga y suspense, al señor que atiende allí. El hombre no tenía ni idea de qué le estaba hablando y simplemente se limitó a darme otro papelito recortado (este era tan pequeñito que lo terminé perdiendo, y no os puedo poner la foto), con el teléfono y la web de Gestión Tributaria, donde según este señor podrían informarme.

Llamo al teléfono del papelito y la chica que me atendió, muy amable, por cierto, me dijo que la multa era de 30€, y que hasta el lunes teníamos plazo para pagarla, o recurrirla si era lo que queríamos. Tuvo la amabilidad de indicarme toda la documentación que necesitaba aportar ya que la denuncia no estaba a mi nombre, para que me atendieran y poder hacer todo el trámite. Y como había sido previsora y llevaba toda la documentación me dirigí directamente a este edificio. Previo pago de dos euros en el parking…

Me encanta que se reutilicen edificios históricos o emblemáticos de la ciudad para dar uso ciudadano, eso permite por un lado, mantener nuestro patrimonio, y por el otro poner al servicio del pueblo auténticas obras de arte, que ya tenemos, sin necesidad de tener que construir más de lo que necesitamos; pero ¿de verdad hace falta poner el servicio de Gestión Tributaria tan lejos del Ayuntamiento?,¿no se podía haber pensado otro uso público para ese edificio y poner los servicios municipales más centralizados? Odio el maltrato al ciudadano…

Una vez que llegó mi turno, en primera instancia tuve que sortear el hecho de que mi chico tiene el DNI caducado desde hace más de un año, me escudé diciendo que tenía cita para renovarlo dentro de un par de meses, y parece que la historia funcionó. Cuando conseguí que me diera la multa le pregunté dónde la habían notificado por correo; ya que nosotros no teníamos noticia alguna y, si no llega a ser por los abogados de la tele no nos habríamos enterado; ella muy amablemente me contesta – Por la Ley de Protección de Datos no puedo darte esa información, si quieres dime dónde vivís y miro si coincide. Como me pareció una respuesta más o menos aceptable le di nuestra actual dirección para que lo comprobara en su base de datos. No coincidía, cosa que ya supuse, pero la sorpresa llega cuando de repente deja de importarle la Ley de Protección de Datos y me pregunta – ¿Se la cambio?

OLÉ, OLÉ y OLÉ ella y su ley de “mis cojones al viento“. Resulta que no puedo consultar dónde vivía mi pareja antes en la base de datos municipal, pero, sin presentar ningún documento escrito por él, ni nada que nos vincule a ambos oficialmente, puedo cambiarlo de vivienda. Atención señoras!!! Nunca fue más fácil echar al marido de casa…Ténganlo en cuenta.

En fin, que visto lo visto con el DNI caducado, supuse que sería mejor pagar los 15€ de la multa con el descuento, que andarme de rollos reclamando y demás; así que voy al banco. Eran ya casi las doce y media del medio día, si me hubiera ido en tren en lugar de llevarme el coche no habría podido hacer nada de nada, que todo hay que decirlo…

Después de aguantar una cola enorme, llego a la ventanilla del señor del banco y ¡sorpresa!, me espeta en tono chulesco:

– Las multas sólo se pueden pagar los martes y los jueves y hoy es viernes.

A lo que le contesto.

– Ya, pero si usted mira los plazos, el último día que tengo para pagarla con descuento es el día 14, que tampoco es martes ni jueves, sino lunes, y quiero pagar solo la mitad de la multa.

El señor del banco parecía una teleoperadora bien entrenada, y me repite:

– Las multas sólo se pueden pagar los martes y los jueves y hoy es viernes.

– Verá usted – suspiro – quiero pagar la multa con descuento, y todos los señores que tengo detrás mía no tienen culpa de que el ayuntamiento no me haya hecho llegar la multa a mi casa, y mucho menos tienen la culpa de que hoy no sea ni martes ni jueves, sino viernes, y van a ser los perjudicados de que yo me quede aquí plantada hasta que usted me cobre la multa o el banco cierre. Usted verá lo que hace.

Parece que este argumento consiguió convencer al señor banquero, y dio por zanjada la cuestión. Finalmente pagué la multa con la consiguiente charla de mi pareja sobre por qué la había pagado en lugar de presentar el recurso para recurrirla, a lo que no pude aguantarme y le contesté:

– Para reclamaciones, vuelva usted mañana.

Foto principal: latortugademafalda.blogspot.com 

Autor: Quino

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 Foto: educacion.uncomo.com

Desde luego apoyo totalmente la tesis que dice que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra; no aprendemos y parece que nos gusta creernos las mentiras que nos cuentan. Ayer por la tarde recibí una llamada telefónica de uno de mis primos; hacía tiempo que no hablaba con él y lo último que sabía es que estaba vendiendo seguros desde hace algunos meses. La conversación discurrió más o menos así:

– ¿Qué pasa prima? Cuanto tiempo! oye que al salir de la oficina me he encontrado con tus padres y me he acordado de ti ¿cómo te va todo?

O sea que mi madre le ha preguntado cómo le va en el trabajo, él le ha contado que maravillosamente bien y que están buscando gente en su oficina, a lo que mi madre, como buena madre que es, le ha pedido que me llame para ver si me animo.

– Pues nada tío aquí luchando y buscando trabajo, ¿y a ti qué tal te va con lo de los seguros?

– Genial, estoy más contento. ¿Sabes que en mi oficina están buscando nuevos productores?

¿En serio?¿Otro nuevo eufemismo para no decir la palabra “comercial”?¿Pero cuántos más se van a inventar? Voy a entrarle un poco al trapo a ver qué me cuenta que no sepa.

– Mira, las comisiones están geniales y los seguros no son difíciles de vender, porque tenemos pólizas desde dos euros al mes ¿quién no te compra un seguro por dos euros al mes?

– Pues… yo por ejemplo…porque me llamaste para venderme una y no te la compré.

– Ya tía pero tú eres una rata.

Risas…

– A ver – me pongo seria – por ejemplo ¿cuánto ganaste el mes pasado?

– Pues si no hubiera sido por los “strongisn” habría sacado casi setecientos euros. Vamos! que está superbien.

– ¿Qué son los “strongisn”? – le pregunto con curiosidad

– Pues son las comisiones que tengo que devolver si un cliente mío se da de baja en los seis primeros meses del año.

¿Perdona? ¿Qué tienes que devolver qué?

– Tía, es normal…si a mi me pagan una comisión por traer un cliente con un contrato de un año, es normal que si el cliente no cumple pues yo devuelva esa comisión que no me correspondía, ¿no?

– Pues no, porque como tú bien has dicho el que no cumple es el cliente, y tú no tienes ninguna culpa, así que no tendrías que devolver ningún dinero. Santa Rita, Rita, Rita… – suspiro- ¿Y tienes fijo o sólo a comisión?

– No, sólo a comisión, pero ya te digo que es fácil de vender, y las comisiones están bien.

– Están bien cuando no te las quitan….

– Prima…

– Vale, vale…oye y ¿es a puerta fría o vas con las visitas concertadas?

– Pues como yo quiera, puedo llamar antes a los clientes para concertar una cita con ellos, o puedo ir a puerta fría.

Vamos…puerta fría de toda la vida. Pero que si son contactos tuyos como el amigo de tu amigo, lo llamas antes…

– ¿Y te tienen contratado?

– Sí, me tienen contratado. Tengo un contrato mercantil.

– ¿Entonces eres autónomo?

– No, no… tengo un contrato mercantil.

– Ya…sé lo que es un contrato mercantil. Por eso te pregunto si eres autónomo.

-Que no soy autónomo, que lo que tengo es un contrato mercantil.

Y dale…o le han lavado mucho el cerebro, o es sordo, o tonto, o a lo mejor todo junto…

– Te lo voy a preguntar de otra manera: ¿tu seguridad social quién la paga?

– Nadie.

Zas! en toda la boca!

-Ea pues ya está! ¿Qué quieres que te diga? Yo me lo pienso y te llamo si eso ¿vale?

¿Cómo puede ser tan fácil comerle la cabeza a la gente? Es que mañana me voy al polígono, compro…no sé…bombillas leds, ahora que la factura de la luz ha subido tanto, se las reparto a cuatro “productores” o “consultores energéticos” y los suelto en un barrio a vender puerta por puerta mientras yo me tomo una cervecita en un bar. No me hace falta ni contratarlos ni nada de nada…

Es que soy tonta, con lo fácil que resulta emprender en este país y yo aquí pasando necesidades…

Nota: Si no has leído mi experiencia como comercial a puerta fría ahora es el momento, échale un vistazo aquí.

Domingo de Resurrección

Acaba la Semana Santa y con ella ese “dolce far niente” del que hemos disfrutado durante cuatro o cinco días, dependiendo del caso. No seré yo quién diga que no me gusta esta fiesta folclórica, porque me encanta, pero para mí es sólo eso, cultura, folclore y tradición; si buscas una Pascua religiosa, esta, desde luego no la encontrarás en las procesiones, al menos en las de mi ciudad. Pero a lo que iba, que me disperso; están muy bien estos días de relax, pero para las personas que tenemos proyectos en el tintero pueden convertirse en auténticos días de pesadilla.

No sé si os lo comenté pero recientemente volví a quedarme sin trabajo, prometo contar la experiencia completa en otro post, pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión. El asunto es que mi hermana y yo estudiamos lo mismo, delineación para más señas, y en la actual situación, podéis imaginar que no es el mejor momento para encontrar trabajo en el sector de la construcción. Así que, vamos a intentar lanzarnos como freelances, esa palabra que está ahora tan de moda, junto con emprendimiento. A ver si nos va tan bien el tema del autoempleo como a Bárcenas, que según cuenta él mismo ha amasado una fortuna gracias a su talento de emprendedor. Imagino que no tendremos tanta suerte, aunque todo es intentarlo. Esta semana todo se encuentra en stand by: las empresas no contestan a los mails, los contactos de vacaciones, los presupuestos que enviamos no tienen respuesta…etc… así que muy a tu pesar, lo mejor que se puede hacer es sumarse a la fiesta y disfrutar de los días de relax.

Parte de estos días los he dedicado a la fotografía, afición que empiezo a descubrir y que me relaja; la verdad es que me ayuda bastante a desconectar y debería practicarla más asiduamente. La fotografía es para mí todo lo contrario a este blog, ya que este rincón lo uso como espacio de recogimiento y reflexión. Pero ambas cosas hacen falta en la vida, tanto el saber desconectar en el momento oportuno como el pararnos a pensar las cosas y darles orden en la cabeza de vez en cuando. Os dejo una de las fotos que hice para que le echéis un vistazo, no es la que más me gusta, pero sí es la que más éxito está teniendo de momento en mis redes sociales (aunque tengo que decir que sólo he compartido tres de las casi quinientas que hice)

tejares original hdr

Al día siguiente fui de procesiones y algo que, en principio, e independientemente de la fe o del motivo que te lleve a ir a ver los tronos, debe ser festivo o, cuanto menos, bienintencionado; me enseñó que la gente está, estamos, muy crispados. Creo que la situación está que arde, y la calle se encuentra muy nerviosa; pienso que sólo hace falta la chispa que lo inicie todo… pero me resulta muy curioso el hecho de que saltemos por tonterías y luego por las cosas importantes nos quedemos cómodamente sentaditos en casa, o, como mucho le demos “me gusta” a la frase revolucionaria que ha puesto nuestro cuñado en Facebook.

Reflexiono y me planteo bajar al centro un Jueves Santo ¿qué espero encontrar? Si esos días tiras un alfiler por un balcón y se pinchan veinte. Pues gente, aglomeraciones, zarandeos, pisotones, calor, dolor de riñones y de pies, el típico carrito con el bebé de turno…en fin, ya sé lo que hay, lo valoro y pienso que me compensa pues adelante. Quedo con una amiga en el centro y cojo el tren de Cercanías. La verdad es que no esperaba sufrir empujones tan pronto, pero el tren iba a reventar, creo que si RENFE hubiera contratado empujadores profesionales, como en China habríamos bajado algo la tasa de desempleo, al menos temporalmente.

metro tokyo

Foto:informaciondeviajes.blogspot.com

Aunque para ser sinceros hay que decir que tuvo su momento gracioso cuando se oyó a una chica gritar, con voz angustiada, desde el fondo: “No achuchéis más que se me van salir las tetas, que me las acabo de operar y me duelen!!!”  Me pareció tan grotesco que fue un momento digno del mismísimo Pedro Almodóvar. En cuanto bajé del tren y vi el andén colapsado me replanteé si había barajado correctamente los pros y los contras, y me acordé de mi chico despidiéndose de mí, con una media sonrisa de superioridad mientras me decía “ala! a pasarlo bien de procesiones!”, en ese preciso instante le envidié, seguro que estaba tirado en el sillón con el mando de la xbox, mientras yo me jugaba la vida intentando salir de la estación de cercanías para vivir un poco de costumbrismo local.

¡No hay dolor! – me dije, y seguí mi camino. Una vez en la calle fui consciente de que no encontraría a mi amiga, después de los últimos años de lluvias en estas fechas la ciudad tenía mono de Semana Santa y estaba todo el mundo en la calle, así que definitivamente debía darlo por imposible. Pensé que si hubieran rodado “Salvar al Soldado Ryan” en mi ciudad en Jueves Santo, os digo yo que Ryan no vuelve a su casa, ni aunque salga a buscarlo el mismísimo Paco Lobatón, sin embargo no sé si volvió porque no he visto la peli, así que ya os digo que si no lo encontraron es porque está inspirada en la Semana Santa y lo de la guerra fue un cambio de guión para llegar a más público. Si no que se lo digan al pobre chaval de Telepizza que me encontré intentando cruzar pleno centro para hacer una entrega; en serio ¿quién tiene los cojones tan cuadrados como para pedir pizza un Jueves Santo viviendo por donde pasan todas las procesiones?. Spielberg te estoy dando una idea, de gratis, para una nueva película de terror: “Salvar al repartidor de pizza” ahí lo llevas!!!

Junta General de Accionistas de Telepizza. Repartidor.

Foto:foro.noticias3d.com

Anduve bastante por las calles del centro, vi algunos tronos y lo disfruté bastante, pero como os decía la gente está muy calentita, estuve a punto de presenciar varios altercados por personas que se indignaban por los empujones, pisotones y porque otras personas se les ponían delante cuando ellos llevaban una hora esperando para ver a un Cristo… y cristo el que se podía haber armado si la situación no se contiene más de una vez… Y es que no somos civilizados, es una falsa; la inmensa mayoría de nosotros somos egoístas y nos da igual pisotear los derechos de los demás, por eso estamos como estamos. Los únicos culpables somos nosotros, y eso, es algo que se ve en el día a día, en nuestros actos cotidianos y nuestra forma de tratar al que tenemos al lado.

No puedes empujar a una mujer que intenta subir al tren y tirarla al andén porque te molesta, igual que tampoco puedes intentar meterte en el vagón aunque sepas que no cabes. Ambos son actos egoístas, todos tenemos culpa, cada uno que sea responsable de la parte que le toca o, haciendo un símil cofrade, que cada cual aguante su vela, pero repito: culpables somos todos.

Llegué a casa destrozada y jurando por el honor de mi familia que el año que viene no bajo; lo veo desde la tele… que como dice mi abuelo es la mejor tribuna, no pasas frío ni te mojas ni nada, pero como cada año sé que es mentira, el año próximo no me acordaré de lo mal que lo he pasado este y volveré a plantarme allí para aguantar los empujones. Ya se sabe que sarna con gusto no pica, así que no me quejo.

Pero como digo en el título, hoy es Domingo de Resurrección, buen momento para hacer planes y resurgir mañana con nuevas fuerzas, después de este paréntesis para el cuerpo y el espíritu y poder enfrentarnos al trocito de historia que nos ha tocado vivir.

Marketing, Telemarketing y MSF

Normalmente cuando se nos presenta la imagen de una teleoperadora siempre lo hacen con una foto de una chica guapísima, sonriente y encantadísima de hacer su trabajo; la verdad es que hoy día hay que estar encantadísimo de tener cualquier trabajo, aunque este sea como sumiso de dominatrix para sesiones de bdsm, la cuestión es llevar un sueldo a casa; pero no es ese el tema que quiero tratar sino lo que se esconde detrás de esta falsa fotografía. Durante la mayor parte de mi vida laboral me he dedicado al telemarketing, en cualquiera de sus etapas, desde teleperadora hasta coordinadora y supervisora; en este último puesto he llegado a tener a mi cargo más de cien personas y lo que veía cada día distaba y dista mucho de la imagen de teleoperadora sonriente. La verdad es que creo que no existe en el mercado laboral un trabajo que sea peor percibido por el usuario del servicio (la persona que llama o recibe la llamada), y que a su vez sea tan esclavizante con el trabajador.

Contaré las experiencias más relevantes, aunque en realidad tendría para escribir un libro… Recuerdo que la tercera empresa para la que trabajé como teleoperadora era un call center que prestaba servicios a Telefónica, actualmente rebautizada como Movistar, en concreto trabajaba para lo que llamaban “sipu” que no es más que un acrónimo de “Sistema de Puntos”; básicamente recibía llamadas de personas que querían cambiar sus puntos por móviles. Recibí una formación de una semana creo recordar, y tras una tarde escuchando a un compañero empecé a trabajar. Mi turno era de tarde, porque en este sector es más fácil encontrar trabajo en este horario, y trabajaba tres horas con cincuenta minutos al día, la verdad es que me resultó extraño el horario, pero en fin…era trabajo al fin y al cabo. Me seleccionaron junto con una amiga a la que asignaron el turno de mañana y como es natural entre mujeres, y sobre todo en la adolescencia, nos llamábamos todos los días para cotorrear y contarnos cómo nos había ido en el trabajo. Cierto día nos surgió una duda a la que tuvimos respuesta en breve. Resulta que dentro de nuestra jornada de tres horas y cincuenta minutos teníamos cinco de descanso, nos explicaron en el curso de formación, que se trataba de un descanso pensado para la vista, de hecho, más tarde supe que en el convenio estaba recogida como PVD (pausa de visualización de pantalla) y corresponde una cada hora, menos la primera hora de trabajo y la última media, creo recordar. Yo usaba esa pausa para ir a hacer pis y estirar un poco las piernas, y mi amiga bajaba a fumar un cigarro en su descanso. La verdad es que para poco más te da ese pequeño tiempo; en concreto el SIPU estaba en un edificio de varias plantas y en la nuestra no había aseos, así que yo aprovechaba para subir a la siguiente e ir al baño; resultó que un día el baño estaba ocupado, algo que por otro lado, entra dentro de la normalidad en un edificio con casi quinientas personas en plantilla y dos baños, así que bajé dos plantas hasta el siguiente, hice lo propio en el excusado y volví a mi puesto de trabajo. La sorpresa vino cuando al finalizar la jornada mi coordinadora me llamó a una sala de reuniones y me dijo que me había retrasado dos minutos en mi pausa, y que tendría que recuperarlos al día siguiente. La verdad es que me quedé ojiplática, le expliqué el motivo y me dijo que eso daba lo mismo, Telefónica pagaba al call center por minutos de conexión de los teleoperadores y si cada agente perdía dos minutos diarios resulta que al final del día son muchos minutos, y al final del mes ya ni te digo…Así que, por extraño que parezca, me dieron una charla de unos quince o veinte minutos explicándome la obligatoriedad de cumplir los tiempos y de recuperar esos dos minutos perdidos, puede parecer ridículo, pero esto ocurre porque esos dos minutos de mi tiempo los pagaba una multinacional y los otros quince, fuera jornada laboral, eran simplemente parte de mi tiempo libre, que se ve que no tiene valor alguno, así que si quería comprar una botella de agua en la máquina, orinar, sacar un café o lo que fuera tenía que hacerlo todo en esos cinco minutos, que por otro lado tampoco podía elegir cuándo cogerlos sino que estaban marcados dentro de mi jornada laboral.

Evidentemente al llegar a casa llamé a mi amiga y le expliqué lo injusto que me parecía la situación, teniendo en cuenta que ella iba al baño cuando quería y en sus cinco minutos incluso salía a fumar. A ella también le resultó raro, sobre todo cuando la despidieron, sin explicación alguna. Yo simplemente me fui, encontré otro trabajo y me largué, juré y perjuré que nunca más volvería a trabajar en telemarketing. Pero a día de hoy lo sigo jurando…

Posteriormente descubrí que la jornada de trabajo era de tres horas con cincuenta minutos porque si nos contrataban cuatro horas tenían que darnos un descanso de diez minutos, así que el contrato sería de cuatro horas pero en realidad trabajaríamos tres con cincuenta, pues mejor ahorrarse esos diez minutos de sueldo, ¿no?

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Foto:microsiervos.com

En la realidad los call center se parecen más a fábricas o gallineros, de los de verdad, que a cualquier otra cosa, suele haber un nivel de ruido ambientar enorme además de una persona, o varias, dando directrices a voz en grito en mitad de la sala, y desde luego la teleoperadora de la foto no existe. En muchos de ellos los trabajadores salen a descansar con un cronómetro, y las conversaciones que tienen por teléfono rozan el absurdo.

Ya como supervisora y con personal a mi cargo, la verdad es que la situación no mejoraba demasiado, la sensación diaria era la de estar prostituyendo mi alma por una nómina. Eso sí, descubrí que tengo buenas dotes para la interpretación, no han sido pocas las veces que he tenido que reunir a un grupo de teleoperadores en una sala y defenderles lo indefendible, convencerlos de que el procedimiento de la empresa era el mejor posible y cualquier otra cosa no merecía la pena ni intentarlo. Por ejemplo, la mayoría de las personas se quejan de que los teleoperadores son muy pesados, que les dices que no quieres algo y ellos insisten e insisten. Mi equipo de ventas tenía la obligación de insistir tres veces, si se pillaba a un agente que no lo hacía, la primera vez lo llamabas al orden, pero la segunda vez directamente le quitabas los incentivos; ¿resultado? todos insistían dos, tres y hasta cuatro veces. Otra de las quejas más comunes es la de que los teleoperadores no escuchan, y es que no están para escucharte, están para venderte; para escuchar está el teléfono de la esperanza; desde luego no esperes que un teleoperador te escuche, lo único que el teleoperador quiere es cumplir el procedimiento en la llamada y que si le escuchan (porque el noventa por ciento de las llamadas están pinchadas y las escucha algún supervisor o coordinador) no le pillen diciendo algo que no debe, por ejemplo alguna palabra terminada en -mente, o la palabra “problema”, o “caballero”…así que como puedes ver tu problema, perdón, incidencia, pasa a segundo plano en la cabeza de la persona que te está atendiendo.

Otra cosa absurda en este mundillo es el argumentario, la diferencia entre un teleoperador y un gestor es que el último tiene más libertad para hablar con el cliente y además cobra unos noventa euros más al mes aproximadamente; sin embargo el teleoperador tiene un guión que leer y no puede salirse de ahí; y eso señores es inamovible, aunque roce la ridiculez. He llegado a escuchar conversaciones del tipo:

Cliente: Buenas tardes quiero darme de alta en vuestra compañía, me llamo Pepito Pérez y mi DNI es XXXXXXXX-9 tome nota señorita

Teleoperadora: Buenas tardes, le atiende Gloria Bendita, gracias por contactar con nuestro servicio. TeleVirgen le ofrece la más amplia oferta televisiva, con los estrenos de las últimas películas, las series más galardonadas, el fútbol en exclusiva y todos nuestros servicios interactivos…bla, bla, bla…

O bien

Cliente: Buenas tardes señorita, resulta que quiero saber si me mandáis una revista a casa con toda la programación o la tengo que mirar en internet.

Teleoperadora: Buenas tardes, le atiende Gloria Bendita, gracias por contactar con nuestro servicio. TeleVirgen le ofrece la más amplia oferta televisiva, con los estrenos de las últimas películas, las series más galardonadas, el fútbol en exclusiva y todos nuestros servicios interactivos…bla, bla, bla…

Y el cliente cuelga. Una venta que se pierde pero Gloria Bendita siguió el argumentario. Y a estos ejemplos podría sumar mil más…

Pues bien, hace apenas una semana recibí una llamada de una teleoperadora de Médicos Sin Fronteras, la verdad es que no tenía ganas de escucharla y le dije que estaba ocupada, que no podía atenderla y me llamara en otro momento, para empezar me sorprendió que no insistiera, así que la segunda vez que me llamaron, esta vez un chico, atendí la llamada.

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Fuente: ongs.com

Desde el principio el tono de la llamada no me pareció invasivo, al contrario, el chico usaba un tono amable y cercano, dijo algo así como: “Me llamo Javier (o Jonathan, no recuerdo con claridad el nombre), soy de Médicos sin Fronteras y la llamo para darle las gracias por el sms que envió para colaborar en una de nuestras campañas”. Eso ya me desarmó… ¿quién te llama para darte las gracias? yo pensaba que la otra chica me llamó para que me hiciera socia, es decir, para venderme algo, es más, ni siquiera me acordaba de haber enviado ningún mensaje, pero tras unos segundos más de conversación lo recordé: en uno de los programas de El Intermedio, la verdad es que no lo veo a diario, tan sólo dependiendo de las barbaridades políticas del día, Wyoming aparecía con un señor explicando una campaña de Médicos Sin Fronteras y pidiendo la colaboración ciudadana, creí recordar que era para comprar vacunas o algo por el estilo y el chico al teléfono me dijo que sí, efectivamente me llamaban por ese mensaje. Me comentó el total de la recaudación de la campaña, y la cantidad de vacunas que se comprarían con ello, acto que todo sea dicho me llenó de orgullo y satisfacción, pero del de verdad, no del real, la cosa es que después de eso pasó a contarme otras campañas anteriores en las que MSF había actuado, como la crisis de los medicamentos en la India y el caso Novartis, del que había oído algo en televisión y leído algo en Internet. La verdad es que todo lo que contaba Javier me resultaba interesante, y luego me tiró la caña “¿sabe usted que Médicos Sin Fronteras es una organización independiente que sólo se sustenta con el dinero de los socios?, con muy poco dinero, como el de su mensaje, se pueden hacer muchas cosas ¿qué le parecería colaborar de una forma más regular con nuestras iniciativas?” Evidentemente Javier no me estaba llamando para darme las gracias, sino que lo hacía para captarme como socia de la ong en la que trabaja, o es voluntario (eso no lo sé) y lo hizo de una manera fantástica. Seguramente también tenía un papelito en el que ponía que tenía que hablarme de los genéricos y de la crisis alimentaria del cuerno de África, y lo hizo, pero también hablamos del tiempo en Madrid y de que los canarios son, según me dijo el chico, las personas mas comprometidas de España y las que más colaboran siempre en proporción con otras provincias.

Lo que vengo a decir con todo esto, es que me parece que esta ong tiene mucha más idea de marketing que Movistar, Jazztel, Digital+, Vodafone o cualquier otra. ¿Por qué no podemos hacer un telemarketing más respetuoso tanto con el trabajador como con el cliente? Javier no insistió en que me hiciera socia, le dije que desde hace dos semanas vuelvo a estar en desempleo, sin derecho a prestación y que ahora  mismo me es imposible. Seguramente me marcaría como socia potencial y más adelante vuelvan a llamarme, es una suposición mía porque yo lo haría, ya que tengo interés en su producto, incluso llegué a darle mi correo electrónico para que me enviaran información por mail tipo newsletter o por el estilo, sin que él me lo pidiera, pero ahora mismo, por desgracia, no me planteo “comprarlo”, aunque tengo que decir que no me sentí acosada ni por asomo. El chico tenía más o menos libertad para hablar y la conversación fue fluida y cómoda.

No sé si Javier también tiene que ir al baño con cronómetro, pero lo que sí sé es que desde mi lado del teléfono creo que fue la mejor llamada de ventas que he escuchado, y he escuchado muchas, así que desde aquí mi felicitación. Ojalá sirva de ejemplo, como muchas otras cosas que hacen en http://www.msf.es/

Foto principal: jereztelevision.com

Ángeles anónimos

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Quizá es demasiado ambicioso el título de la entrada, pero fue la primera expresión que se me vino ayer a la cabeza tras presenciar un acontecimiento en el tren. Como cada mañana cogí el cercanías para dirigirme al trabajo, sé que no os lo he contado pero desde noviembre estoy trabajando en una academia, en un puesto que llaman “asesora de formación” y no es más que otro trabajo de teleoperadora, pero trabajo al fin y al cabo y de lo mejorcito que me he encontrado en el sector; pero como decía mi amigo Michael Ende “eso es otra historia y debe ser contada en otra ocasión”. La cosa es que iba sentada junto a una señora extranjera, pero de rasgos mediterráneos, me atrevería a decir que se trataba de una marroquí, desde luego llevaba los ojos maquillados al estilo árabe y una preciosa y perfecta melena morena; frente a mí había un chico que pasaría por poco de los veinte y estaba de pie agarrado a una de esas barras del techo.

A menudo paso los viajes observando a la gente e imaginando dónde van y qué van a hacer, otras veces simplemente llevo un libro y leo durante el trayecto. Ayer fue de éstas últimas; estaba leyendo tranquilamente cuando apareció la revisora pidiendo billetes. Al llegar al chico que se agarraba a la barra la conversación discurrió más o menos así:

-Billete por favor

– Aquí tiene – dijo el joven tendiendo su mano con un billete

– Esto no le sirve, me tiene que abonar la diferencia – dijo la revisora mientras sacaba una maquinita de su cinturón. Tecleó algo en la máquina y se dirigió de nuevo al chico – son ocho euros cincuenta.

– Es que no tengo dinero.

– Si no me paga los ocho euros con cincuenta le tengo que denunciar y le pondrán una multa de al menos treinta euros.

– Pero es que no tengo, sino no estaría viajando con ese billete – dijo el muchacho apurado mientras mostraba su billetera vacía a la revisora.

– Mira lo único que puedo hacer es dejar que te bajes en el aeropuerto, que es la próxima parada y ya allí te busques la vida. Eso o te tengo que denunciar si quieres seguir en el tren sin pagar la diferencia – Sentenció ella en tono implacable.

– Vale, vale, me bajo en el aeropuerto y ya veré lo que hago.

Y así finalizó la charla. Ella siguió pidiendo billetes y avanzó a lo largo del tren.

Acto seguido, y sin pensárselo dos veces, la mujer que se sentaba a mi lado se levantó, se dirigió al chico y tendiéndole un billete de diez euros le dijo:

– Ten, yo te lo pago.

El chaval no atinaba a contestarle, se quedó ojiplático, básicamente como todos los viajeros del vagón. Sólo sabía dar las gracias y negar con la cabeza.

Finalmente no aceptó la oferta de la mujer.

Se bajó en la siguiente parada ante la mirada inquisidora de la revisora, que volvió para cerciorarse que se cumplía su voluntad, y no conforme con ver que abandonaba el vagón, ella también bajó del tren, avisó a un guarda de seguridad y le explicó la situación mientras señalaba al chico con el dedo y le pedía al vigilante que lo siguiera para ver qué hacia a continuación.

Sinceramente, por el comportamiento de la revisora tuve la sensación, durante un momento de haber viajado junto a uno de los terroristas más peligrosos…

Cuando el tren retomó la marcha, la mujer que se ofreció a pagar el billete me dijo indignada:

– No sé por qué no me ha dejado pagar su viaje. Cuando necesitas ayuda y alguien te la ofrece tienes que aceptarla.

– Ya, pero el pobre estaba avergonzado y además le has pillado por sorpresa…bueno, a él y a todos, porque yo tampoco me esperaba que te levantaras y le ofrecieras pagarlo.

– ¿Sabes por qué lo he hecho? Porque esta mañana he ido a sacar el bonotren y la máquina no aceptaba los cincuenta euros que intentaba meter, entonces el hombre que estaba detrás mía me apartó y lo pagó él. Ese hombre tampoco me conocía de nada y sin embargo pagó mis viajes de tren para toda la semana, vio que yo necesitaba ayuda y me ayudó. Ahora ya tengo cambio y me sentía en la necesidad de devolver el favor a alguien. Bueno, me bajo, que esta es mi parada…

Y ahí me quedé yo…mirando mi manual de autoayuda y pensando que había aprendido más de esa mujer que de las casi trescientas páginas que había leído en aquel libro. Siempre tenemos la percepción de que “la gente es mala” y que “hay que tener mucho cuidado con la gente”, desde luego no estoy diciendo que todo el mundo sea bueno, porque, por desgracia hay personas malas en el mundo, pero también las hay buenas, existen personas desinteresadas que se ofrecen a ayudar a los demás. Eso lo aprendí en el Camino de Santiago, prometo contar la experiencia también otro día, y la vida me lo recuerda a veces; pocas, pero me recuerda que en nuestro día a día existen ángeles anónimos a los que les gusta disfrazarse y pasar desapercibidos, sólo hay que fijarse para encontrarlos. Si lo piensas seguro que tú también te has cruzado con alguno.

Foto:circuloholistico.blogspot.com